viernes, 4 de diciembre de 2009

El mal menor / Diario de Irak, de Mario Vargas Llosa

Encontré el libro en ese extenso bosque de hojas impresas que es la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), en su edición del presente año. Yo y mis acompañantes no teníamos ya esperanza de comprar más libros, pues nuestros de por sí escasos fondos estaban en los fondos, o a punto de llegar a ellos. Cual sería nuestra sorpresa al encontrar, en medio de las áreas dedicadas a enormes casas editoriales con precios, casi siempre, igual de enormes, a un pequeño cubículo, dirigido por un no tan pequeño norteamericano o alemán (no sé bien de que nacionalidad sería), que vendía una reducida cantidad de libros a 20 y 50 pesos, dependiendo del ejemplar. Aunque no contaba con mucha variedad, los libros estaban bien cuidados y había algunos interesantes. Entre ellos, éste de Mario Vargas Llosa.

Se trata de un reportaje que Mario realizó durante una breve, pero productiva, estadía en el Irak de la postguerra, del 25 de junio al 6 de julio del 2003. Recordemos que la guerra terminó, al menos de manera oficial, en abril del mismo año, con la caída de la ciudad de Bagdad y el, siempre relativo, control del país. Desde ahí, en el mismo Irak, escribía una serie de reportajes y crónicas acerca de lo que pudo ver y escuchar, mismas que fueron, después, publicadas íntegramente por el diario español El País, y esa es la razón por la cual quien quiera leer este libro no tendrá que ir hasta Guadalajara para conseguirlo, ni siquiera hasta la librería más cercana para ver si lo encuentra o para mandarlo pedir. Los artículos están aquí, en buena edición y con las mismas fotografías que trae la edición impresa, editada por AGUILAR. Las fotografías, por cierto, fueron tomadas por la hija de Mario, Morgana Vargas Llosa, quien se dedica, de manera profesional, a la fotografía y quien lo acompañó durante la travesía.

Evidentemente, no estamos frente a un periodista profesional. Vargas Llosa es un fabulador, un contador de historias, más que un periodista, propiamente dicho. Sin embargo, para todo aquél que haya frecuentado su narrativa, será claro el hecho de que sus novelas tienen un extenso y acertado trabajo periodístico. Novelas como “La fiesta del Chivo” y “La guerra del fin del mundo” demuestran lo que digo. Antes de ser novelista, Vargas Llosa fue periodista, trabajando desde los 16 años en el diario La Crónica, de su país y así durante muchos años más. No es, pues, ajeno al periodismo, aunque no lo ejerza profesionalmente. La visión de Irak que nos deja don Mario es una sana combinación entre la imaginación del novelista y la investigación del periodista, acertando, lo podemos ver a la distancia, en muchas de sus conclusiones y premoniciones.

Vargas Llosa, en un inicio, se opone completamente a la guerra en Irak. Decisión unilateral, con fuertes sospechas de oportunismo económico (léase Petróleo), por parte de un país muy poderoso en contra de un pequeño y paupérrimo país alejado de la realidad del mundo, anacrónico en muchas formas. Después, sus críticas a los Estados Unidos no se aligeran, sino que se extienden a aquellos que son críticos de la acción militar, a los que se erigen, a lo largo y ancho del mundo, como pacifistas. Mario comienza a notar actitudes negativas, sospechosas e igualmente oportunistas en, por ejemplo, el Presidente de Francia de aquellos años, Jacques Chirac, que aúlla de pena por, según él, el pueblo iraquí. Decide ir a Irak, averiguar por sí mismo, el misterio de la realidad, y descubre entonces un escenario mucho más complejo: un país y, con él, muchos pueblos y confesiones, sumido en el miedo, completamente inmóvil a causa del pavor a la dictadura de Sadam Husein, a sus informantes y espías, a sus torturadores y verdugos, a sus cárceles y calabozos. Imposible un levantamiento popular. Imposible, pues, un cambio que venga desde dentro. Ya se había intentado y los resultados siempre habían sido negativos (y sangrientos) para los insurgentes.

La tesis que defiende Vargas Llosa, al final de su viaje y después de conocer y escuchar a los torturados por el régimen, a las esposas, los hijos, los hermanos de los desaparecidos para siempre, las anécdotas increíbles acerca de la fiereza e impunidad total de los hijos de Husein, es la siguiente: el pretexto de las armas de destrucción masiva en manos de Husein era falso, la guerra era ilegal, desde el punto de vista del derecho internacional y de la ONU, se trató de una decisión unilateral, pero no necesariamente se trata de una guerra injusta. La guerra le ha dado a los iraquíes una oportunidad de cambiar su destino, tan doloroso. Cierto es que la guerra ha traído desastres, muertes y abusos, pero, quizá, no había otra manera, ni a corto ni a mediano plazo, de mejorar la situación de Irak que con una invasión y con la ejecución del dictador y de sus hijos. Hoy, por peligrosa y difícil que sea la situación, Irak tiene una oportunidad de crecer y convertirse en un país democrático, con muchísimo trabajo e iguales cantidades de paciencia y constancia. Con Husein y su descendencia, no había camino posible, no había esperanza.

Ustedes, ¿Qué piensan?

domingo, 22 de noviembre de 2009

El metodo de escritura: ¿Que pasaría si...? / Ensayo sobre la ceguera, de Jose Saramago


Una historia muy al estilo de José Saramago. Es decir, bastante rara. De pronto, la gente comienza a quedarse ciega, como por contagio y, además, se trata de una ceguera completamente inexistente en el mundo real: una ceguera blanca. Los personajes de la novela ven todo “como si estuvieran sumergidos en un mar de leche”. El contagio se sale de control. El Gobierno y todo el mundo, pues, tienen miedo, así que encierran a los que ya están ciegos y a los posibles infectados en un manicomio, y en otras instalaciones completamente vigiladas después, cuando el manicomio ya no es suficiente. No quiero contar el final, así que hasta ahí lo dejo.
Lo bueno del libro y razón por la cual seguiré leyendo a Saramago (quien, por cierto, debió haberse llamado José Sousa, pero, por error del hombre en el registro civil, le pusieron como apellido la palabra que era el “apodo” de su familia, según entiendo por Wikipedia. Saramago es una planta, y por alguna razón así les decían a los padres de José Sousa, es decir José Saramago), repito, lo bueno del libro es (sonido de tambores expectantes): es divertido. Uno (es decir, el lector en turno) no se aburre con la narración. Pasan muchas cosas. Te mantiene interesado.
Ahora, algo como un defecto, que puede no serlo, dependiendo del lector “en turno”: la manera de escribir de Saramago (es decir, Sousa). Esa forma de escribir los diálogos, sin guion ni nada, simplemente insertados en la prosa, después de una coma (ejemplo: El médico dijo, No podemos quedarnos aquí, Y que hacemos, pregunto la chica de las gafas oscuras, así por el estilo), ¿es aceptable o es inaceptable? Ciertamente, no estorba a la narración misma, pero sí le da un descuidado aire de descuido, algo así como imaginarse que don José Saramago, con esa cara de tortuga sabia que siempre ha tenido, hubiera escrito el libro entero en dos semanas, a la carrera, sin corregir una sola palabra.
Da la impresión de que no hay personajes, sino fantasmas, o bien, ideas que necesitaban ser expresadas y que a Saramago se le da expresarlas en forma de novela, narrativamente. Por lo mismo, ningún personaje tiene nombre. Hay un personaje femenino (¿personaja?) que trae unos lentes oscuros, entonces, toda la novela es La chica de las gafas oscuras. Para nombrarla, Saramago/Sousa dice siempre la chica de las gafas oscuras, sin variación, sin siquiera poner, de pronto, la de las gafas, al cabos que todo el mundo sabría a quien se refiere, pero no, el dice entero el nombre, o bien, el dizque nombre. Puede ser novedoso, curioso o gustoso, para algunos, pero yo creo que le quita personalidad, individualidad a cada personaje.
Para escribir, supongo que Saramago se sienta (no creo que escriba de pie), se relaja, toma la pluma, la máquina de escribir (hay alguien que aún utilice esas extrañas invenciones?) o la computadora, y se pregunta siempre lo mismo, al menos en lo que yo he leído de don José Sousa Alias Saramago: ¿Qué pasaría si…? Y entonces, fantasea, pone a trabajar su indudable poder de imaginación: si el mundo entero se volviera ciego (Ensayo sobre la ceguera), si de pronto, en un país, la gente dejara de morir (Las intermitencias de la muerte), si la península ibérica se separara de Europa y comenzara a navegar por el océano atlántico (La balsa de piedra), etc.
Su método del que pasaría sí…, hace que sus libros sean divertidos, entretenidos y siempre tema de conversación. Pero, en un momento dado, lo pueden convertir en un autor predecible. A mí todavía no me aburre, pero no me sorprendería que lo hiciese en cualquier momento.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Variaciones del ahora muerto

Ayer, estando en la facultad, se escucho una ráfaga de metralla. Después, camino a mi casa, pasan a mi lado muchísimas patrullas, con las torretas encendidas, apurados. Cipoles, soldados, vehículos sin insignias ni distintivos oficiales pero con una reveladora sirena, pasan a mi lado, tocan el claxon, se abren paso entre los demás conductores, que no saben muy bien qué hacer, hacia donde ladearse. Unas cuadras más adelante, descubro el motivo, ya supuesto por mi aceleradísima inteligencia que funciona en base a carbón, de tal movilidad policiaca: un ejecutado. Uno más. ¿Uno menos?
No veo nada. Son demasiadas patrullas, demasiada gente caminando en la zona, entre agentes y civiles. Un hombre me informa que vio todo, según él, y al menos me indica el epicentro del lamentable asunto: una troca roja, al fondo, que yo no había notado. Esta a cien metros de mí, así que no veo nada. Solo un borroso, lejano bulto, dentro del vehículo.
Uno de nosotros, uno de los mirones, se envalentona, movido por el morbo, y decide ir a ver al muerto. Corre, tontamente, entre los agentes, los cuales lo detienen y lo empujan un poco, diciéndole que no puede pasar. El hombre regresa riendo:
-Chale, nomas se trata de uno de ellos, y entonces si lo cuidan. Que si no, les vale madres- dice, entre risas.
No entiendo muy bien como aquél mirón estaba tan seguro de que el muerto era, o había sido, mejor dicho, policía. A la mañana siguiente, me informo que, en efecto, era el Jefe de la Unidad de Delitos Contra la Vida, que se llamaba Jorge Iván Márquez Solorio y que tenia, solamente, 29 años. Deja por este mundo a una viuda y a dos hijas.
Recuerdo todavía la enorme movilización policiaca que, en lugar de estar buscando a los responsable (yo digo, no?) estaban amontonados inverosímilmente, inútilmente. La gran cantidad de civiles tomando fotos, algunos incluso video, platicando alegremente, emocionados, excitados, de la escena que, según todos, habían presenciado con sus propios ojos: todos tenían una versión distinta. La camioneta de los asesinos era de tal color, eran tantos, traían tal tipo de armas, huyeron por acá o por allá, el ahora muerto grito algo, el ahora muerto no tuvo oportunidad ni de ver a sus ejecutores, el ahora muerto era narco, el ahora muerto era policía, el ahora muerto era las dos cosas, el ahora muerto es digno de conmiseración, el ahora muerto se lo merecía, el ahora muerto segurito andaba metido, segurito sabía a lo que se metía. Tantas versiones.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Gomorra, de Roberto Saviano


Hará unos días que terminé de leer “Gomorra”, del italiano Roberto Saviano. La obra es un reportaje, escrito de hábil manera, acerca del poder, cada vez más extenso, cada vez más omnipotente, de la mafia napolitana, la Camorra, y de la manera en que la misma ejerce su influencia en los círculos empresariales y políticos. Uno se imagina, con toda facilidad, al autor recorriendo las calles de Nápoles, Casal di Principe y Mondragone a bordo de su Vespa (especie de motoneta), buscando, tan solo por verlo, el lugar, los lugares, los innumerables lugares en donde la Camorra ha matado. Llegando incluso, muchas veces, antes que la ambulancia o que los carabineros, Saviano puede ver, para después contárnoslo, el preciso momento de la agonía, el último de los momentos, de muchos, de demasiados: no solo la muerte de los líderes del “Sistema” (como se refieren a sí mismos aquellos que entran en la Camorra) sino la de aquellos que han estado cerca, ejecutados por el fuego cruzado o que han estado emparentados, de algún modo (aunque sea lejano) a alguno que se ha convertido en enemigo del Sistema.

El libro, la crónica del mismo, se puede dividir, a mi parecer, en dos crónicas: la crónica de la violencia y la crónica de la corrupción del poder. La primera la mencionamos arriba: la narración de las guerras entre las distintas organizaciones mafiosas y sus terribles saldos, cosa que en este lado del mundo conocemos demasiado bien. Con “crónica de la corrupción del poder” me refiero a la narración de Saviano acerca del verdadero poder, el auténtico, de la Camorra y, generalizando, de todas las organizaciones “mafiosas” (por llamarles de algún modo) del mundo: su poder empresarial y político. En “Gomorra” se cuenta la influencia que los clanes, o las distintas familias que componen a la Camorra, tienen sobre las empresas de la construcción, por ejemplo, llegando a dominar de modo casi total en este rubro, al menos en lo que se refiere a Italia. Uno de los capítulos más interesantes, titulado “Angelina Jolie”, nos da una curiosa incursión en el mundo de la moda italiana (la mejor del mundo), y nos cuenta como la Camorra ha aprovechado su poder económico para piratear las prendas de los mejores diseñadores y vender dichas prendas en almacenes legales, sin que nadie se dé cuenta de ello o bien sobornando a aquellos que se pudieron haber dado cuenta.

No todos los personajes del libro son villanos. Encontramos descripciones de algunos que intentaron, como pudieron, vivir al margen del poder corrupto de la Camorra (sacerdotes, periodistas, simples ciudadanos), pero estos los percibimos igual que a los salmones que van a contracorriente, los percibimos como justicieros demasiado solitarios, destinados al fracaso. Al mismo Roberto Saviano lo leemos declarando sus razones para no ingresar en el ciclo de la ilegalidad, de la corrupción, pero el tono de su declaración de guerra, de su emancipación, es quijotesca, pero algo triste. Algo como “yo sé que voy a perder esta batalla, pero en todo caso no quiero estar del lado ganador, porque no soy un esclavo”. Un ejemplo de lo que digo:

“Trataba de comprender si los sentimientos humanos podían llegar a enfrentarse a una maquinaria de poder tan enorme, si era posible llegar a actuar de una manera, de una posible manera, que permitiera protegerse de los negocios, que permitiera vivir al margen de las dinámicas del poder. Me atormentaba tratando de entender si era posible intentar comprender, descubrir, saber, sin ser devorado, triturado. (…) Me preguntaba si podía existir algo que fuese capaz de posibilitar una vida feliz, o acaso había de limitarme a renunciar a los sueños de emancipación y de libertades anárquicas, y lanzarme a la arena, meterme una semiautomática en los bolsillos y empezar a hacer negocios, negocios de los de verdad. (…) En tierras de la Camorra, conocer los mecanismos de afirmación de los clanes, sus cinéticas de extracción, (…) significa comprender como funciona el propio tiempo en toda su proporción (…) Ponerse en contra de los clanes se convierte en una guerra por la supervivencia, como si la propia existencia, la comida que comes, los labios que besas, la música que escuchas, las paginas que lees, no lograran darte el sentido de la vida, sino solo el de la supervivencia. Y así, conocer ya no es un indicio de compromiso moral. Saber, entender, se convierte en una necesidad. La única posible para considerarse aún hombres dignos de respirar”.

“Gomorra” ha sido publicada, originalmente en Mondadori, pero en yo la tengo publicada por la Editorial Debolsillo y es fácilmente localizable en Sanborns, por ejemplo. Viviendo donde vivimos, con la situación de violencia que tenemos, este libro nos aporta algo importante, créanme.

martes, 27 de octubre de 2009

Vendetta


Estábamos yo y un compañero del almamáter muy aburridos y por ello comenzamos a hablar de esa novela interminable: la política. Novela negra, evidentemente, llena de villanos, de personajes temibles, cuya ansia de poder raya en lo ridículo. Podrían, esos personajes fatalmente reales, hacer tantas cosas buenas, que ayudarían tanto, y sin embargo…

Mi compañero de almamáter me dijo una frase que me ha estado retumbando en la mente cual tambor africano. No cargaba yo (imprudente de mi) con mi grabadora portátil para almacenar frases interesantes o repentinamente sabias, así que la frase no es textual, pero es claro el sentido: “las cosas en este país no cambiarán, hasta que la gente deje de tenerle miedo al gobierno y, en cambio, el gobierno le tenga miedo a la gente”.

La frase, por cierto, no es de quien me la dijo. Quien me la dijo, me dijo que era una frase de la película “V de Vendetta”, o algo así, la cual no he visto. Pero no importa, lo que importa es lo cierto de aquella frase: hasta que nosotros, los ciudadanos de a pata, comprendamos a cabalidad que somos los dueños del gobierno, que nosotros somos el poder, nuestra situación no cambiara.

Hace unos días, por ejemplo, pudimos todos observar el deleznable comportamiento de ese hooligan disfrazado de diputado, que se llama Gerardo Fernández Noroña, perteneciente al PT, que seguramente significa “Partido de los Tarugos” (jaja). El hombre con la peor suerte del mundo en ese día, Javier Lozano, quien funge como Secretario del Trabajo del Gobierno Federal, fue a dar algo así como un informe de actividades, pero el PT, el PRD y demás partidos insignificantes, o en camino de serlo, decidieron que ni de chiste se llevaría a cabo tal atrocidad, agraviados todos por el malestar popular ante la desaparición de los trabajadores de LyFC, que dios los acoja en su santo seno. Para tal propósito, se convirtieron todos en hooligans, en porros, en gritones y agresivos dizque diputados. Noroña no podía quedarse atrás en tan graciosa competencia, así que fue a sentarse a un lado de Javier Lozano (individuo para ese entonces completamente disminuido) y comenzó a burlarse de él y a gritarle insultos. En cierto momento, Noroña se acerca a Lozano y, demostrando el porqué es diputado y ejerciendo todo el conocimiento que lo llevó a ocupar tan alta posición, le dijo, doctamente: “¿verdad, cabroncito, que no es lo mismo usar la policía que dar la cara?”. Después, se sentó y, dándole la espalda a Lozano, comenzó a hablar por celular. Celular cuyo saldo, por cierto, se paga con los impuestos.

Haber: el trabajo de Javier Lozano consiste en muchas cosas, entre ellas, ir a dar esa especie de informe o comparecencia ante San Lázaro. Por otra parte, el trabajo de Gerardo F. Noroña, como diputado, tiene muchas variantes, pero una de esas variantes es escuchar atentamente al Secretario del Trabajo cuando el mismo vaya a dar su comparecencia. Repito: Noroña recibe un sueldo (6 000 pesos diarios) para que, entre otras cosas, escuche, comprenda, analice y, si así lo considera necesario, critique lo dicho en tal comparecencia (se supone que en los términos más respetuosos posibles, ya que no es un lavadero sino la Honorable Cámara de Diputados). Ese día, le pagamos 6 000 pesos a Noroña por haber sido, con mucho éxito por cierto, un porro. Por no hacer su trabajo.

Noroña se atreve a darle la espalda a cualquier funcionario federal y a ponerse a hablar por celular mientras se supone que tendría que estar trabajando, porque no le tiene miedo a la gente. Se siente intocable. Si yo tengo un trabajo pero soy un holgazán y hablo por teléfono todo el día, cuelgo cuando el jefe me está viendo, por lo menos. Porque temo que me despidan. Porque temo las consecuencias. Noroña puede hablar por teléfono en horas de trabajo sabiendo que las cámaras de las televisoras lo están tomando (de hecho lo hace para que las cámaras lo enfoquen, para llamar su atención) y que, por lo tanto, miles, millones de personas que le pagamos lo estamos viendo, porque no nos tiene miedo. Lo hace porque no siente que lo podemos castigar por no hacer su trabajo. ¿estará en lo correcto?

lunes, 26 de octubre de 2009

Los pata de perro


Era una buena tarde. Se estaba convirtiendo, además, en una noche prometedora. Prometía, entre otras cosas, la bola de la que hablé hace unas entradas y, además, una bola bajo los efectos, ni benéficos ni maléficos sino todo lo contrario, del alcohol en cantidades no recomendadas por los galenos. Para tales efectos, comparecimos en el almamáter el que esto escribe, el Richard, Sandybell y el Cara de Loco. Todos con la emoción en nuestro rostro, esperanzados por averiguar, por las malas si fuese necesario, lo que la noche nos aguardaba y así, nos subimos al carro de Cara de Loco ya con algo decente para calmar la sed. Nos dirigíamos al delirio: como imaginar nuestro desgraciado futuro.

Sabiendo que íbamos hacia la casa de Morfeo y que la distancia era considerable, pensé aprovechar el camino para sostener una charla con mis acompañantes, pero cuál sería mi sorpresa y desazón al entender el oculto propósito de Sandybell y Cara de Loco, los cuales iban en la parte delantera del vehículo: destrozar, felizmente para el Richard e inquietamente para mí, nuestros tímpanos, corriendo una música que se asemeja sospechosamente a los gritos y a las alucinaciones de aquellos que han sido poseídos por el espíritu del mal. Todos parecían disfrutar de la masacre, comentando acerca de “los acordes”, la “melodía” o “la letra” de tal o cual posesión demoniaca, mientras yo trataba, siempre en vano, de adivinar cuál de los ruidos era un acorde y cual el grito de algún desafortunado al que estaban acuchillando en la mismísima cabina de grabación, por amor al arte.

Cruzamos la ciudad con esa música y, de seguro, ello descontroló nuestro sentido de la orientación, ya que tardamos al menos media hora recorriendo arriba y abajo la misma calle, buscando la guarida de Morfeo. La encontramos, al fin. Pernoctaban en ella Morfeo y Luis Hector. Esperábamos nosotros encontrar ya una buena bola alcoholizada en casa de Morfeo, pero la vida nunca se asemeja a nuestra imaginación y, en cambio, la supera siempre. No encontramos bola, pero encontramos una casa sumamente interesante, en la cual, a un lado de una buena cantidad de libros y películas de diversos géneros, se entremezclan las imágenes de ángeles, santos y querubines con los posters, ciertamente no muy piadosos, de Iron Maiden. No sabíamos ya que hacer para aplacar nuestras sedientas gargantas, pero afortunadamente, de la combinación entre Morfeo y Luis siempre resulta una interesante conversación, acerca de temas tan variados e inverosímiles como los añadidos en la casa del primero.

Por fin, nos dieron el pitazo (o sea, el aviso) de una fiesta y hacia allá nos dirigimos, cruzando, de nuevo, la ciudad con, de nuevo, la música del mal tronando en nuestros oídos. De nuevo, tardamos un rato en encontrar el lugar indicado, y cuando lo encontramos, quedamos decepcionados y agarrotados de impotencia y frío (porque hacía un chingo de frío), al ver que se trataba de un grupo de jóvenes más bien sanos jugando insanos videojuegos. Morfeo declaró la condena: “estos cabrones pueden pasarse la noche entera jugando, dijo, yo los he visto”. Un carajo mental retumbó en toda la cuadra y la cara del Richard expresaba nuestra congoja. Mucho tiempo después, los jugadores decidieron hacerse hombrecitos y nos encaminamos hacia otro destino, este si en las orillas de la tierra conocida por los ojos del hombre. Cuando llegamos, la cosa pintaba bien, pero la tristeza nos invadió de nuevo cuando supimos que cada quien tenía que haber llevado su alcohol y por esa causa, nos sentamos en una mesa yo, Richard y Morfeo. Las dos horas siguientes, sentados en la misma mesa y con un frío pendular (o sea que se iba y volvía), Richard se dedicó a maldecir mental y verbalmente a su suerte y yo y Morfeo a discutir de lo que siempre discutimos: qué hacer con este laberinto de país. Al final, como era de esperarse, nos declaramos perplejos y desarmados ante tamaño desafío.

A pesar de todo, lo que más me intriga es que fue curiosamente divertido.

martes, 20 de octubre de 2009

Sobre los cabrones huevones de LyFC

Para redundar en el tema que ha fatigado a nuestros excelsos periodistas, de esos que salen hasta en la tele y todo, debemos decir que la liquidación de ese nido de ratas y parásitos llamado Luz y Fuerza del Centro, regenteado por el “combativo” Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y su Honorabilísimo Líder Único y Supremo Martín Esparza (HLUSME), era un asunto necesario, urgentísimo, incuestionable. Durante varios sexenios, se le había sacado la vuelta al problema y ninguno de los presidentuchos que habían encabezado esta nuestra dignísima patria había tenido “los tamaños” para darle un yastubo y hastaquí a ese Sindicato chupasangre y, sobre todo, chupapresupuestos, ya que cada año se requerían 40 mil millones de pesos para subsidiarlo y que siguiera hay nomas a flote. Cuarenta mil millones de pesos ¡¡¡.

Además, los trabajadores (formato delicado de “huevones desgraciados”) de Luz y Fuerza tenían prestaciones y privilegios tales, que los finos articulistas de los principales diarios patrios han dado en llamarlos “leoninos”. Supongo que se trataba de privilegios de leones, es decir, de reyes, puesto que todos sabemos que los leones son los reyes de la Sabana africana. Sin más, ha sido un paso muy importante y acertado del Presidente Calderón (que Dios lo guarde en su eterna gloria). Nadie se lo discute, ha sido un triunfo rotundo y además, placentero, puesto que a todo mexicano con más de tres neuronas le resultará fácil gozar de felicidad al observar la frustración y la amargura en ese rostro espantoso de López Obrador o de Gerardo Fernández Noroña, energúmenos siempre puestos a defender las “conquistas laborales” de los trabajadores del Estado y, de paso, las conquistas económicas de su malvado movimiento político.

Más sin embargo, la alegría nunca es total. Una nube la empaña: la preocupación de si será el único cambio de fondo de este sexenio. Esperemos que el Presidente Calderón y la banda que lo acompaña estén dispuestos a “entrarle sabroso”, a “coger al toro por los cuernos” y no al cuerno por el toro. Esperemos que la actitud valiente y decidida (y acertada políticamente hablando, por cierto) que vimos en el caso de Luz y Fuerza sea la actitud a seguir, la luz y la fuerza del Gobierno, en lo que queda del sexenio. Quedan muchos asuntos: los demás sindicatos “leoninos” (maestros, petroleros, mineros, ferrocarrileros, telefonistas); la verdadera modernización de nuestra industria petrolera, que constituyo una derrota para el Gobierno Federal y para todos, en realidad; el fomento a la inversión y a la creación de empresas nuevas, dando facilidades a los emprendedores y eliminando excesivos e innecesarios trámites burocráticos; la reducción drástica del número de diputados y senadores y, en realidad, la eliminación de cuanta burocracia se pueda, etc, etc, etc.

domingo, 18 de octubre de 2009

La bola

¿Porqué los seres humanos tendremos tan arraigado el instinto de amontonarnos, de hacer la bola? Dicen los antropólogos, que ya todos sabemos que son seres sospechosos por naturaleza, que se trata de una conducta evolutiva, es decir que, en algún momento, nuestra especie descubrió que a los mamuts, tigres dientes de sable y demás criaturas de alto riesgo les era más complicado vencernos estando todos hechos bola. La “bola” también alejaba al frío, a los demonios y a la soledad.

En algún momento, sin embargo, dimos un salto cualitativo y de la bola defensiva pasamos a la bola lúdica, osea que, además de juntarnos para protegernos nos juntamos para divertirnos. Y una bola de años después, se inaugura el Festival del Palomar, aquí en la ciudad de Chihuahua capital, en donde todos los pocos habitantes de esta mediana-grande ciudad norteña, pero central en proporción al continente, nos regocijamos en ese antiguo impulso, irresistible, de juntarnos en la bola, de hacer bola, para escuchar y ver lo que alcancemos en medio de una bola de tan considerables dimensiones.

Cuantas veces no me he descubierto a mi mismo siguiendo el camino de la bola. Caminando por las calles de esta ciudad, principalmente de noche porque el sol es mi archi enemigo, escucho de pronto un lejano estruendo de gentes, ovaciones, aplausos o abucheos, da lo mismo. Lo importante es que mis pasos se dirigen hacia aquel faro, siguiendo los rastros de un muy posible amontonamiento humano. De una bola. Luego de caminar algunas cuadras, la encuentro: puede ser un pequeño evento, una reunión de especialistas de alguna rama terriblemente aburrida de la ciencia o bien, regalo de los dioses, un accidente, una riña, una acalorada discusión entre un agente de tránsito y un conductor enfurecido. Ya hay bola: de todas partes, comienzan a llegar ejemplares de mi misma especie, salen de quien sabe dónde, de debajo de las piedras y los carros estacionados en doble y en triple fila, y yo soy uno de ellos.

viernes, 16 de octubre de 2009

El escritor sumiso



Ha sido publicado en Letras Libres un artículo muy interesante acerca de la amistad de Gabriel García Márquez con el socio mayoritario de Cuba, Fidelito. El artículo solo es válido si el mencionado jefe de jefes aún sigue en este mundo y no ha pasado a mejor vida desde hace ya un buen rato.
Pero ni siquiera en el otro mundo podrá el aracateño o aracatense o aracataquense (¿) gozar de mejor vida que la que mantiene en la isla, según documenta el texto mencionado, escrito, por cierto, por el director de Letras, Enrique Krauze, hombre dado al vicio de criticar a los Santos Patronos de la cultura latinoamericana (Carlitos Fuentes ha sido otra de sus víctimas).
Tiende uno a pensar, cándidamente, que una persona como el colombiano, capaz de crear semejante belleza con las palabras, no puede ser un cínico o un lacayo o cualquier otro adjetivo que refiera falta de honestidad. Hace mucho que no estoy de acuerdo con las posiciones políticas del escritor, pero quería creer que su apoyo a Castro se debía a la nebulosidad mental típica de los habitantes de aquellas zonas cálidas y exuberantes de Trópico. Y no a simple y llana ceguera de juicio, fanatismo ideológico y maliciosa terquedad.
Recomiendo que lo lean (está un poco largo, pero sé que son personas de amplísima capacidad lectora), y me den su opinión: ¿estoy exagerando o es que sencillamente es decepcionante saber esas cosas de escritores que uno admira?

domingo, 13 de septiembre de 2009

La vuelta

Luego de algunas semanas de silencio, vuelvo a escribir. En realidad, no sé porque me detuve, pero sé que, sea cual sea, debo de tener alguna buena excusa, oculta en mi cabeza. Podría ser la siguiente: en algún momento, dejé de sentirlo como algo natural, espontáneo. Sin embargo, creo que todavía tengo algunas cosas que decir. Si quieren escucharlas, por la razón que sea, estén alertas, jajaja.

domingo, 26 de julio de 2009

¿Las Golondrinas para el Times?


El último número de la revista mexicana Letras Libres, la cual dirige Enrique Krauze, se titula, creo yo de manera incorrecta, “Adiós a la prensa” y su tema principal, su “convivio”, es el impacto que Internet está teniendo en la prensa tradicional. He leído tres de los ensayos y me han resultado muy interesantes.
El primero, de Paul Starr, quien es profesor de la Universidad de Princeton, es, podría decir, el más pesimista con respecto a la influencia de Internet en el periodismo. El título es revelador: “Adiós a la era de los periódicos (Bienvenida una nueva era de corrupción)”. Luego de una muy interesante narración de la historia de los periódicos y de un análisis bastante amplio de los mecanismos de sostenimiento económico de los mismos, surge su idea principal en contra de Internet: el casi inexistente periodismo de investigación en la red. Ese periodismo serio, generado en investigaciones lentas y complejas, ese periodismo que logra, muchas veces, tumbar gobiernos corruptos o al menos destapar grandes escándalos, no es viable en Internet porque resultan muy caras, necesitan de un financiamiento importante que la red no puede generar. Los periódicos y demás publicaciones que han intentado adaptarse a Internet (prácticamente todos), han visto que sus lectores aumentan muchísimo a nivel mundial, a niveles muy altos que nunca habrían imaginado sin las nuevas tecnologías, pero el problema es el dinero: no es igual de rentable y, por lo tanto, periódicos importantes como The New York Times o The Washington Post, no pueden sostenerse con los gastos de antes y comienzan a disminuir sus investigaciones, la duración y la amplitud de las mismas. En cuanto a la amplitud, se está reduciendo el número de corresponsales extranjeros ya que, sencillamente, resultan muy caros.
El segundo de los ensayos es un tanto más favorable para Internet, aunque también sopesa sus peligros. Lo escribe un periodista de The Economist, Gideon Lichfield, y se titula “El futuro del periodismo”. Es importante el título, ya que Lichfield, a diferencia del anterior, gasta menos tinta (o menos bytes) en quejarse de Internet y en cambio propone algunas soluciones para el problema de la baja rentabilidad del periodismo en línea, al menos comparada con las ediciones en papel. Una idea interesante es la de los “micropagos”, que ya es utilizada por algunas publicaciones, si bien se trata de cosas especializadas. Así como alguien puede pagar por una canción descargada de Internet, en iTunes (tienda virtual), se podría cobrar una baja cantidad por artículo. El problema es que la canción se escucha una y otra vez, mientras que un artículo se lee y se guarda, quizá, pero no se lee una y otra vez. E incluso, se guarda si ha gustado, solamente. Al final del artículo, toma una posición imparcial y no tan catastrófica como Starr:

“ Tenemos aquí, entonces, un ejemplo claro de cómo el modo de producción puede influir en la naturaleza del producto. El periodista y el periódico no son el periodismo: son simplemente una de las formas encontradas para la difusión impresa, e incluso dentro de ese marco sus papeles han cambiado de acuerdo con los variados modelos comerciales. Claro que un miembro típico del populacho no llegará a ser un gran periodista, así como no será gran cirujano o pintor, pero eso no supone que el periodismo no se hará con otros métodos y por medio de personas que no sean periodistas”.
El tercero de los ensayos, lo resumo: Jesús Silva-Herzog Márquez habla del impacto de internet en los diarios mexicanos y de las no muy buenas credenciales de los mismos para dárselas de “faros de la democracia”.

Mi opinión: Internet es imparable. No hay más que hacer en contra de él, así que mejor dejemos de quejarnos. En los próximos años, como es de todos conocido, la Red crecerá aún más, cada vez más y esto hasta que el mundo se nos acabe. Amén.
No creo que los periódicos tradicionales desaparezcan del todo, aunque sí es seguro que muchos lo harán. Si así es, será una lástima pero, al menos yo, no veo razón alguna para pensar que ese “periodismo de investigación” que Starr tanto echa de menos no pueda aparecer en Internet. Sencillamente, es un cambio de transmisor, pero la investigación sería la misma.
Eso sí, que a los libros ni me los toquen ¡¡¡

viernes, 17 de julio de 2009

La memoria traicionada


Los humanos somos muchos, pero la gente famosa es, en comparación, poca. Ahora bien, de esa gente famosa se distinguen dos tipos: aquellos que son famosos en la actualidad que les tocó y aquellos que se convierten en símbolos o mitos, o bien, dicho en otras palabras, en personajes históricos, a los cuales se les recordará por muchos siglos e incluso, si el caso lo amerita, por milenios. Esa categoría la han alcanzado personas ciertamente extraordinarias, como el misterioso Jesús de Nazaret, el aguerrido Mahoma de No se donde nació o el meditabundo Buda. Si menciono a este trío de iluminados y no al chaparrito de Napoleón o al mocho de Van Gogh, seres indudablemente históricos, es porque el tema de la entrada involucra a aquellos y no a estos. El tema de la entrada es (tambores expectantes…): la corrupción de la memoria de los seres históricos. Suena aburrido pero, quizá, no lo es.
Tomemos el caso más próximo a nosotros: Jesús, alias el Cristo. Este hombre, sencillo, humilde y evidentemente muy sabio, recorrió hace dos laberínticos milenios los desiertos de lo que hoy es Israel y los territorios palestinos, predicando algo bastante básico y de fácil comprensión: amaos los unos a los otros. Simple. Light. Luego, murió cruelmente y un grupo de hombres y mujeres vendrían después de él a torcer su palabra guiados… por sus palabras. Se creo entonces una enorme y divina burocracia llamada Iglesia Católica que, seamos sinceros, han sido bastante criminales a lo largo de los siglos: han torturado a muchísimas personas por pensar de distinto modo, han sometido a pueblos enteros por medio de la violencia y de la corrupción, han matado (por medio de los procedimientos mas creativos que se pueda) a ciertas personas que hubieran podido haber aportado mucho conocimiento a nuestra especie, han callado ante crímenes imperdonables (caso del Holocausto en contra de los judíos en la Segunda Guerra), etc etc etc. Yo pienso, en serio, que si ese hombre llamado Jesús viera las complicaciones en las que se han metido sus seguidores, sería el crítico más duro del Vaticano, sería el primero en levantar la voz y decir algo como “pero hijos míos, que coño hacen…”.
Al principio mencioné a los tres representantes religiosos porque son personajes en los que la gente basa su pensamiento y su actuar. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Qué tanto sabemos de ellos, en realidad? ¿Qué tan fidedigno y cercano a la realidad es lo que nos cuentan? Si esos seres estuvieran vivos, ¿estarían de acuerdo con la imagen que tenemos acerca de ellos y con lo que hemos hecho con su memoria?

lunes, 13 de julio de 2009

Todo es vanidad..

No hay nada más misterioso que la realidad. Nada más indescifrable. Desde que comenzó nuestra difícil carrera por este mundo, los de nuestra especie hemos intentado comprender lo que nos rodea, lo que nuestros sentidos captan. Para ello, hemos creado a las religiones, esos fantásticos sistemas de pensamiento mezclado con un mucho de imaginación. Hemos creado a la ciencia, ese faro que en ocasiones se divierte con nosotros, preparándonos trampas de las que siempre salimos heridos. Hemos creado tantas cosas y nos hemos esforzado tanto, pero no debemos sentirnos tan superiores y caer en la vanidad, puesto que nuestros ojos, nuestra mirada, sigue sin poder penetrar el meollo del asunto: ¿para qué estamos en el mundo?
A la mejor, si tuviéramos la respuesta a esa pregunta en nuestras manos, como un extraño mineral, podríamos comprenderlo todo y no vivir en este constante signo de interrogación. Entendiéndonos a nosotros mismos entenderíamos el mundo. Pero bueno, el camino aún es muuuuuy largo…


El PRI se metió hasta la cocina. Ya sé que es tarde para escribir de tal catástrofe, pero sucede que mi mente es bastante inestable y por lo tanto, tardé un tiempo en asimilar el shock y la frustración que, no lo voy a negar, me anegaron.
La razón de tal desdicha no es que haya perdido tan feamente el PAN, cosa que era un tanto predecible dado el desgaste que el ejercicio del poder siempre genera y el valle de lágrimas, con esporádicos sembradíos de hierba mala, que estamos cruzando. Lo que me acongoja es que no haya sido una derrota “variadita”, es decir, si hubiera ganado el PRI pero también el PRD y el PAN más o menos parejo, todo hubiera estado mejor. Ni siquiera los candidatos que se veían muy seguros en el PAN, como Juan Blanco, Pepe Vásquez en Cuauhtémoc y algunos otros, pudieron salirse con la suya. A nivel nacional, los blanquiazules perdieron la siempre blanquiazul Guadalajara y las gubernaturas de Estados que ya gobernaban (a la mejor con los pies y esa fue la razón de la debacle). Pareciera una vuelta al pasado de la sociedad mexicana.
Sin embargo, no deben de sentirse tan orgullosos los militantes de ese viejo partido, ya que con una votación tan pero tan baja, no pueden aún decirse nuestros “voceros”.

La enfermedad de la juventud



Oliveira y yo aprovechamos el acontecimiento de que mi novia cumplía años y para tal ocasión compramos una respetable cantidad de cerveza. Contábamos, además, con el auxilio de un vodka de dudosa reputación y de varias cajetillas de cigarros cuyos cadáveres yo descubrí a la mañana siguiente, en la parte frontal de mi casa que sirvió como escenario. Luego de que estas bebidas fueran debidamente tomadas y los cigarrillos debidamente quemados, mis pasos y los de Oliveira eran más bien tumbos y tropiezos y, para acabarla de amolar, comenzamos a hablar de temas “profundos”. Estábamos inspirados: en unos cuantos minutos, realizamos un pormenorizado examen de la complicada situación política de nuestra nación y poco nos faltó para encontrar la solución contra tantas inclemencias. En un país como el nuestro, ya es mucho pedir.
Entre todo lo dicho, se habló del idealismo y de cómo esa palabra va perdiendo su significado conforme pasan los años. Es como si el idealismo, esa forma de entender el mundo como un lugar digno de lucha y con altas posibilidades de cambiar a mejor, fuera una especie de enfermedad que se cura con los años: sencillamente, la juventud no piensa en el tiempo y en sus consecuencias, y por lo tanto, nuestros planes no acostumbran llevar, en su análisis, un recuento de fuerzas y posibilidades. En pocas palabras, pensamos tener la vida por delante, lo cual es cierto pero, por desgracia, nosotros los humanos vivimos aprox setenta años y setenta años son realmente pocos, pensándolo bien. Para la gente que “ya va de salida”, las cosas son diferentes.
Me decía Oliveira que “los viejos” siempre se excusan alegando que ya su tiempo a pasado, que ellos hicieron lo que pudieron y que tienen un pié aquí y el otro en el más allá. Sin embargo, no son excusas o pretextos: es la pura verdad. Su tiempo vital se está acabando y ya no es tan fácil soñar que el mundo cambiará, que será mejor por algo que nosotros hagamos. Ciertamente, tendremos que aprovechar el tiempo que nos queda para “idealizar” al mundo y tratar de cambiarlo lo más que se pueda. O lo más que se deje.

sábado, 4 de julio de 2009

Los bailarines


Las campañas electorales siempre son una fiesta para los especialistas en mercadotecnia. Sencillamente, se inspiran y sacan a relucir sus mejores trucos y tretas para decirnos que tal candidato es superior, por mucho, a los demás: que es más honesto, mas inteligente, mas experimentado. Además, quieren convencernos de que es más alegre y jovial, y por eso vemos nuestras ciudades repentinamente inundadas de sonrisas y rostros afectuosos. No pueden ser tan buenos, nos decimos, parecen sacados de una burbuja, nadie sonríe todo el tiempo, como idiota, en la vida real. Nos quieren engañar, pensamos. Y es cierto.

Pero no los culpemos, seamos comprensivos: nosotros haríamos lo mismo si estuviéramos en su lugar. Se trata de una carrera, de una competencia, de un mercado, si quieren llamarlo así: ganará aquél que sonría mas cándidamente, aquél que tenga mejor imagen y también aquél que sepa hablar lo que la gente quiere escuchar: que diga muchas veces las palabras “democracia”, “sociedad”, “progreso”, “desarrollo” y otros muchos conceptos que, en boca de estos “bailarines” como los llama Milán Kundera en su novela “La lentitud”, pierden su significado y se convierten en espejismos.

Pero creo que no soy el único que pensaría en votar por un candidato que no pareciera candidato: uno que rompiera todos esos moldes y que nos hablara, para decirlo en pocas palabras, “con los pelos en la mano”. El primer cambio importante, sería que se atreviera a sacarse fotos sin estar sonriendo como piraña todo el tiempo (vease, como ejemplo, la foto de Lupita Pérez, candidata del PRI para diputada federal en mi distrito, en Cuauhtemoc, Chihuahua. ¿Alguien en su sano juicio mostraría públicamente esa vampiresca dentadura? Desgraciadamente, no pude conseguir la imagen, pero lo puedo describir como la encarnación de Drácula en tiempos modernos).

viernes, 3 de julio de 2009

Mas pronto cae un hablador que un cojo..


Argentina, el país que nos cerró las puertas a los mexicanos y que apoyó, desde el Gobierno de la Presidenta Cristina Kirchner al menos, una campaña sucia y basada en información falsa en contra de nuestro amado terruño, México Lindo y Querido, ha reconocido ahora, nada menos, que cien mil infectados del virus A H1N1. La “influenza mexicana”, como ellos le llamaban, a adoptado una nueva nacionalidad y ahora juega al fútbol, es engreída y dice “pero che…”
No es que me dé gusto, evidentemente, pues al final de cuentas, se trata de una tragedia. No me da gusto la tragedia que viven ahora los habitantes de Argentina, que se ven en los metros con los tapabocas (que ellos llaman, curiosamente, barbijos) y ahora piensan en cerrar cines, teatros, estadios, colegios, etc, igualito que lo hicimos en México pero antes de tener 100 000 infectados. La desgracia ajena que me causa regocijo es la que se le viene encima a la Presidenta Kirchner, la cual me cae bien gorda y además es chavista y abraza y besa a Hugo el Soberano cada que lo ve, que es cada vez que necesita dinero.
En Argentina, hace unos días, hubo elecciones intermedias y en las mismas, el partido de la Presidenta perdió garrafalmente. Al parecer, Cristina y su che gobierno ocultó la cifra real de los infectados para, de este modo, no ser apaleados electoralmente e incluso en otras modalidades. Igual, fueron apaleados y, al día siguiente de las elecciones, la ahora ex ministra de salud, una tal Ocaña, renunció inmediatamente, para darle paso a un pobre hombre que asumió la dirigencia del enfermizo Ministerio. Este nuevo ministro de salud, llamado Juan Manzur, tardo cuatro horas en declarar públicamente la verdadera situación.
Yo supongo, al menos, que ante una mentira tan grande, los argentinos, que no son nada mansitos, se quejaran y se quejaran hasta, quizá, tumbar al gobierno de los Kirchner. Si así resulta, ya algo bueno habrá dejado esa desangelada pandemia.

viernes, 26 de junio de 2009

Breve autocrítica


Ahora que está de moda la anulación del voto, ahora que una buena parte de los que están apadronados piensan haber descubierto la panacea en contra de la desidia, corrupción y falta de madre de nuestros diputados, senadores, gobernadores, presidentes municipales, etc etc etc, estaría bueno aventarnos un clavado introspectivo y mirar nuestros propios defectos. Una autocrítica que puede resultarnos incluso divertida, si tenemos el suficiente sentido del humor. Si no lo tenemos y nos es entonces dolorosa, pues tanto mejor que se haga.
Aquí va la mía:


Autocrítica del ciudadano Alexandro Islas García (lo más publicable que se pueda, jaja):

1.- He sido un pésimo estudiante. Perezoso (sinónimo demasiado cándido de huevón), impuntual (esto lo comparto con el 95 % de los mexicanos, los restantes son descendientes de alemanes o de suizos), irrespetuoso (recuerdo una maestra que llegó hasta las lágrimas, en un especie de ataque de nervios, ante mi impávida mueca de “me vale madre todo”), tramposo, pintero, desidioso, aplatanado y un etcétera vergonzosamente largo.

2.- No cuido de mi salud. A pesar de que sufro de una intensa alergia, sigo fumando cual locomotora (las cuales no fuman, ya sé, pero es una bonita metáfora). El número de mis borracheras es demasiado elevado en proporción a mi aún no demasiado elevada edad (22). El ejercicio físico es para mí lo que la tolerancia para López Obrador: una ausencia dolorosa.

3.- Situación como ejemplo: voy en un camión urbano y, delante de mí, una viejecita de aspecto humilde lleva una bolsa. Se levanta y baja y yo noto que ha olvidado su bolsa, la cual aún le puedo alcanzar. Desde mi lugar, puedo ver que hay una sustanciosa cantidad de dinero dentro del objeto del deseo. Estas serían mis reacciones, siendo sinceros: primero, ver a la viejecita con cara de “hey, hey, se te olvidó tu bolsa, recógela”; después, sentiría una intensa pulsada de placer en el estómago al imaginar todo lo que puedo hacer con ese dinero; voltearía a ver a todas partes y (caray, debo ser sincero) recogería la bolsa si pudiera. Al bajarme del camión con el dinero ajeno, sentiría remordimiento, quizá buscaría una identificación en la bolsa: después, se me pasaría.

Creo que está bien para empezar. Además, de seguir corro el riesgo de resultar insoportable a mí mismo. Mi breve autocrítica es una manera de decir que, como dice un dicho muy sabio, los pueblos tienen el gobierno que, de alguna manera, se merecen.
Dos cosas acerca de ello: es cierto que nuestros políticos no son lo que quisiéramos, pero, ¿nosotros, como pueblo y en términos generales, poseemos las características que deseamos en nuestros políticos? ¿Somos honestos, responsables, creativos, innovadores, aventados y ordenados? La otra cosa: no es cierto que todos los políticos son la misma gata nomás que revolcada, eso, a mi modo de ver, es una simplificación y, en cierto modo, una injusticia para aquellos que si quieren hacer bien las cosas. Las hay en todos los partidos, solo es cosa de no dejarse llevar por la apatía y fijarse muy bien en los detalles. No quiero decir a los que yo considero, puesto que todos son del PAN y temo ser juzgado de mojigato y esas cosas tan feas.

domingo, 21 de junio de 2009

Libertad e Internet


Es ya conocido que en Irán hubo elecciones presidenciales. El actual presidente, Mahmud Ahmadineyad, quien posee un peculiar talento para insultar a los Estados Unidos, Israel, etc, se ha reelegido y muchos, principalmente jóvenes (más de la mitad de la población en Irán tiene menos de 30 años) consideran que se ha llevado a cabo un fraude de importantes dimensiones. El mismo gobierno iraní acaba de reconocer que, en efecto, existen indicios de irregularidades que podrían haber afectado de manera importante el resultado final. Yo no soy un experto en el tema de Irán, sin embargo podría meter las manos al fuego (bueno, exageré, cierto, pero se entiende lo que quiero decir) asegurando que, en efecto, fraude hubo, dado el talante dictatorial, antidemocrático y todas las demás cosas malas que se les ocurra de Ahmadineyad. Ha habido muchas protestas y han muerto un numero incierto de protestantes (de los que protestan, no de los que van de casa en casa predicando).
El caso de la entrada es este: como los periodistas, nacionales e internacionales, han tenido grandes dificultades al momento de informarle al mundo lo que pasa en esa convulsa nación musulmana, los mismos ciudadanos han iniciado una carrera de periodistas independientes utilizando medios como el Twitter (cosa desconocida en absoluto para mí, pero que me dicen que son “miniblogs” en donde los textos tienen un máximo de 140 caracteres), Facebook, blogs de distintas plataformas, etc. Es decir, el Internet se ha convertido en el único medio independiente en esa región del mundo. Es la manera más eficiente de sacar la información de Irán y darla a conocer a quien quiera conocerla.
No es el único caso en donde Internet se convierte en un refugio para la libertad de expresión: se puede ver prácticamente en todo el mundo. Casos como el de Cuba o el de China son fáciles a la memoria. A fin de cuentas, Internet es información, la misma que es extremadamente difícil de controlar o de censurar. Un caso me llama la atención: hace algunos meses, el Gobierno de la muy poderosa y enriquecedora China obligó a Google a censurar, solo en territorio chino, ciertas páginas (principalmente periodísticas, blogs, etc) en donde se critica al Gobierno. Google cedió.
Creo que Internet puede servir como un espacio de total libertad de expresión, siempre y cuando aquellos que, de algún modo, dominan en el territorio de Internet no se vendan a los poderes económicos, como en el caso de Google. Mientras tanto, en Irán sigue, y al parecer seguirá siendo, el único medio de preservar algo de luz en esa nación que, poco a poco, se está llenando de sombras.

sábado, 20 de junio de 2009

Sin escudos



Ocurrió hace tres días. Por un asunto laboral, iba yo caminando por una calle bastante céntrica de Cuauhtémoc, entre carros y la suficiente gente como para pensarse a salvo. Tendemos a pensar que las multitudes son un escudo infalible en contra de la violencia: nos sentimos protegidos y pensamos que, en caso de peligro, la gente actuará en nuestra defensa, unida, solidaria.
Pasé enfrente de una casa de música, la cual se encuentra en una esquina. Varios metros más adelante, pero en la misma cuadra, caminaban unos sujetos de aspecto bastante amenazador, en dirección a mí. Más que el aspecto, lo amenazador en dichos sujetos estaba en su actitud: era notorio que no se traían nada bueno entre manos: caminaban apresurados, mirando a todas partes y con aire ofensivo, como a punto de pelear. Eran cuatro. Los cuatro me pasaron y siguieron hasta la casa de música. Yo, advirtiendo que pasaría algo, me quede quieto, mirando y en algún momento pensé que asaltarían el establecimiento. Cuál sería mi sorpresa al verlos salir de la casa de música sometiendo a el que, supongo, sería el dueño del local. Uno de los hombres lo tenía agarrado del pelo, de la nuca: el pobre no veía más que el suelo y sentía que lo empujaban. Inmediatamente, una camioneta que se había acercado lentamente frenó, subieron a la víctima, subieron ellos como pudieron y se arrancaron. Así de fácil.
Me quedé un momento sorprendido. Habían “levantado” a un hombre a plena luz del día, en medio de bastantes personas. Nadie hiso nada y el mundo siguió su marcha normal. Yo también me uní al mecanismo y continué caminando, como si nada hubiera pasado. Pero había pasado.

lunes, 15 de junio de 2009

La secta de los anulistas


Acostumbro leer las noticias cada mañana, desde hace ya un cierto tiempo. Lo hago porque creo que el mundo es una unidad, en donde no podemos estar aislados, de manera apática, ante lo que pasa en un lejano país del Medio Oriente, en un Estado vecino o en nuestra misma ciudad. Sin embargo, últimamente tengo la sensación de estar leyendo noticias de otro planeta: el planeta de los políticos. Un planeta que, en ocasiones, se nos presente como ajeno, extraño a nuestra realidad.
Pareciera que la democracia se queda sin aliento: un golpe traidor, directo al estómago, la ha dejado sin aire y le es imposible expresar algo. Los partidos políticos, que, nos guste o no, constituyen un elemento sumamente importante para cualquier nación, parecen habitar una isla demasiado alejada de nuestras tierras. Actúan según sus propias reglas, se ponen de acuerdo en lo que se les da la gana y parecen no tener límites cuando se trata de aumentar sueldos o de quitarle poderes al IFE y a la ciudadanía (es decir, yo, tu, nosotros) en tiempos electorales.
Por esas y muchas otras razones, un grupo de personas bien intencionadas (con sus inevitables excepciones) han comenzado una activa campaña a favor del voto nulo. Al leer las razones de los autoproclamados “analistas”, me doy cuenta de que tienen razón en su enojo, de que su protesta está justificada, pero también me da un poco de lástima todo ese tiempo, esa tinta y esa publicidad lanzadas a un vacío demasiado evidente como para ignorarlo.
Votar en blanco no soluciona ninguno de los problemas que los “analistas” alegan, solamente los profundizan: si el voto en blanco se impone, ganarán los corruptos que aprovechen la recta y le ofrezcan a la gente, en un país pobre, dinero a cambio de votos.

domingo, 31 de mayo de 2009

Abstencionismo


Alejandro Páez Varela, colaborador de El Universal, opina en esta nota:

“Por primera vez desde que tengo el derecho, no voy a votar. Como la última herramienta de los intolerantes es “lo políticamente incorrecto”, aclaro que no es por anarquista. Le enumero tres argumentos que se dieron en ese estricto orden cronológico: porque perdí mi credencial; porque no pude ir por la reposición y, finalmente, porque me di cuenta de que la suma de los dos

porqués anteriores me dejaba satisfecho”.

Luego, nos dice, aunque no le creamos, le gusta votar. Que le gusta porque le recuerda “los domingos familiares” y porque es uno de los únicos días en los cuales las personas “nos vemos a los ojos sin querernos morder”. Yo no sé si Varela tenga la indomable tentación de morder a sus conciudadanos mientras camina por las calles, pero el hecho es que en día de elecciones tal conducta, ciertamente patológica, se extingue en él. Enhorabuena.
Dice después que no hay opciones, que nadie le gusta y que por eso no vota. Ya entrado en agudezas, emplea una alegoría: “Usted va al súper con la idea de encontrar tomates, y si no hay, ¿en su lugar se lleva cebollas, focos o fresas congeladas? No”. No, tampoco nosotros lo hacemos, pero sucede que no es lo mismo. Al votar, no se está eligiendo a un tomate o a una cebolla, sino, para sorpresa de Varela, a un Gobierno, que decidirá, en la medida en que lo dejemos, buena parte de las decisiones que se tomen en todas las materias.
Son dos las ideas fundamentales de la nota de Varela: no voto porque: a) no me convence nadie y b) porque después hacen lo que quieren en el gobierno y no hay mecanismos para que los ciudadanos intervengan. Si a Varela no lo convence nadie, si no hay alguno que sea “menos malo” que los demás, entonces no entiendo en qué país habita: en este momento, se están decidiendo muchas cosas importantes, ante las cuales prácticamente todos tenemos alguna opinión, tales como la guerra contra el narco (emprendida por el gobierno federal), la posibilidad de reelección en legisladores, la reforma educativa y un largo etcétera, temas en los cuales los políticos panistas no coinciden con los priistas y estos con los perredistas y así sucesivamente. Varela tiene una opinión propia, quiero suponer, así que ¿porqué no vota por aquel candidato que se acerque, al menos se acerque a lo que él opina? Acerca de la falta de mecanismos de control ciudadano sobre el gobierno que menciona Varela, es curioso porque lo dice mientras trabaja y publica en El Universal, que, como buen medio de comunicación, es uno de estos mecanismos que Varela tanto añora. Haber, Varela, cuenta conmigo: medios de comunicación (radio y tv, que están un poco más institucionalizados, pero también está la prensa escrita, dígase periódicos, revistas, semanarios y, evidentemente, los blogs y la enorme cantidad de herramientas que proporciona el internet), manifestaciones públicas (que en México existen para todo y deberían de existir aún más) tales como huelgas, marchas, mítines, conciertos públicos; reuniones de firmas, mesas de discusión (que pueden organizarse en Universidades o auspiciadas por organizaciones no gubernamentales), etecé etecé etecé. Así que lo que faltan no son mecanismos de manifestación ciudadana (aunque podrían ser más y más independientes) sino mecanismos para levantar al Sr. Varela de su cama, sofá o silla plegable en la cual se abandona, fatalmente, para ver al mundo pasar.
Lo triste del caso es que no es el único periodista o “conocedor” que se ha pronunciado a favor de las virtudes de humo del abstencionismo. Los hay a montones, ahora. Ojalá los lectores de estos periodistas tan dóciles no caigamos en la trampa y nos demos cuenta de que (aunque parezca un cándido comercial del IFE) si no votamos, realmente esa cosa que se llama democracia es afectada, es dañada: no hay mejor arma en contra de la democracia que la desgana y la apatía. Como la del Sr. Varela.

viernes, 29 de mayo de 2009

Presuntos implicados


Jorge Fernández Menéndez, colaborador en Excélsior, ha publicado esta columna que, en mi opinión, es muy atinada, acerca de la reciente detención de una importante cantidad de funcionarios públicos del estado de Michoacán, acusados de proteger los intereses del narco, entre los que se cuentan a diez presidentes municipales y a gente muy cercana al Gobernador de aquél Estado, o al menos a quien dice gobernar a Michoacán: Leonel Godoy.
Este operativo federal ha resultado ser una bomba que el dizque Gobernador no sabe desactivar. La detención de estas personas ha sido resultado de una investigación de, al parecer, seis meses, y no hay duda alguna de su complicidad con el crimen organizado. Además de los diez presidentes municipales, también detuvieron a quien era la Secretaria de Seguridad Pública de Estado, casada, además, con un buen hombre relacionado hasta la médula con La Familia, el cártel que manda por esas tierras; detuvieron al coordinador de asesores de Godoy; detuvieron al director del Instituto Estatal de Formación Policial, etcétera. Es decir, se les habían metido hasta la cocina (como sucede, lógicamente, en muchos otros Estados).
El problema ha sido la reacción del Gobernador Godoy y de su partido, el PRD. A pesar de que, de los diez presidentes municipales, solo dos eran perredistas (seis eran priistas y el resto del PAN) han dicho que se trata de un ataque en contra de su partido, de una “guerra sucia”, de una batalla electoral. El Gobernador se ha mostrado sumamente sensible y angustiado por la manera en la cual la federación ha “invadido” la soberanía michoacana y se ha declarado ofendido por la irrupción de fuerzas federales en Palacio. Lo más reciente es la noticia de que PRI y PRD están pensando unirse en Michoacán para protestar “en contra” del operativo.
Esto me hace pensar en la bajísima calidad de nuestros políticos: sencillamente, no conocen el significado de la palabra “patriotismo”. Para ellos, los intereses de su Partido han sido, son y serán siempre lo primero: si algo está bien y es justo pero afecta a mi Partido y, principalmente, a mi poder en las urnas, está mal y lo atacaré irracionalmente. Godoy ha exigido a la federación una “disculpa pública” por el operativo, pero, ¿no tendría que ser él quien se disculpara con la sociedad, con la gente de Michoacán y con las victimas de narcotráfico? ¿Acaso él mismo no sabía que estaba rodeado de lobos? ¿o él mismo es un lobo? Es estúpido que incluso la Comisión Nacional de los Derechos Humanos haya declarado que, por cuestión de “cortesía política”, se le debía de haber comunicado al gobierno estatal acerca del operativo, cuando el gobierno estatal está completamente infiltrado por el narcotráfico. Si lo hubieran hecho, no hubieran detenido a nadie, de seguro.
¿Hasta dónde ha calado el narcotráfico en nuestro país? ¿Hasta dónde podemos confiar en que somos gobernados por aquellos a los cuales designamos y no por los cárteles de la droga? Ciertamente, los michoacanos no pueden responder con seguridad, pero el resto de los mexicanos también debemos estar un tanto alarmados: el narcotráfico se ha infiltrado en nuestro país hasta tocarnos directamente. Todo el mundo conoce a alguien implicado y nadie hace nada. Para ganar esa guerra, tendrá que haber una purga a nivel nacional.

miércoles, 20 de mayo de 2009

El regreso triunfal del Padre Palma



En el año 2003, en mi natal Cuauhtémoc, Chihuahua, salió a la luz pública el caso de Salomón Palma, respetado sacerdote de la localidad. Se había grabado teniendo relaciones sexuales con una mujer casada y tales videos amateur, por azares del destino, fueron dados a los medios de comunicación, los cuales cumplieron con su trabajo dándolo a conocer a los cinco mil vientos y de esta manera se desató el infierno.
La mujer que aparece en el video con el Padre Palma tenia esposo y tiene hijos. El video estaba, sencillamente, en todas partes. Es evidente que fue un golpe terrible a nivel familiar y podemos imaginarnos la vergüenza y la humillación que debieron de haber sentido los familiares de dicha señora. Tengo entendido que los hijos de la misma eran jóvenes, apenas adolecentes, y por lo tanto recibían constantes burlas en el colegio por parte de sus compañeros, muchos de los cuales seguro que ya habían visto varias veces las comprometedoras imágenes. Recibieron insultos, burlas, ataques, hasta que se vieron forzados a, literalmente, huir a los Estados Unidos, en busca de un lugar a donde no llegara el escarnio. Cuauhtémoc aún es un lugar en donde no es fácil esconderse y sabemos el talante de nuestro pueblo: estas cosas jamás se olvidan y, además, la condena es hereditaria. Por mucho, mucho tiempo, ellos no podrán volver.
Por su parte, el Padre Palma está de regreso, luego de cinco años lejos. No sé si el pidió o si así lo decidieron más arriba, pero se fue durante este tiempo a predicar en Chilpancingo, en Guerrero, al sur de México. Muy lejos del fuego. Ha vuelto a Cuauhtémoc hace unos días y, en su primera misa luego de su exilio, le han aplaudido, de pié. Aún no entiendo porqué.
Él mismo nos dice que la Iglesia ni siquiera lo reprendió. Que ni siquiera lo canalizaron a alguna terapia o tratamiento psicológico para remediar su evidente problema con el celibato. Que, en pocas palabras, nadie le dijo nada. Simplemente lo alejaron, esperando a que el torbellino se pasara, que la tormenta se calmara, para después, cínicamente, volver y decir que es un hombre nuevo, cambiado. Que ha dejado su pasado atrás.

“Lo del video y sus consecuencias fue un gran peso emocional para mí, pero yo sólo me enfrenté a ello, hay lugares para atender a los sacerdotes con situaciones similares pero no me ordenaron que fuera a uno de ellos. Simplemente me alejé y cuando sentí que ya había dejado todo atrás, pude volver”.

Luego de esto, nos dice que los medios se aprovecharon de él, cuando lo único que hacían era cumplir con su trabajo, el cual es informar y, evidentemente, el caso era noticia:

“En aquel momento fui utilizado por los medios de comunicación, la gente compraba el periódico sólo para leer el escándalo, pero nunca hablaron de las cosas buenas que hemos hecho por la comunidad”.

¿Porqué nadie mira la otra cara de la moneda y lo confronta con eso? Salomón Palma camina, según él con tranquilidad, por la ciudad, saludando a todo el mundo y su congregación lo aplaude, pero ¿y la gente que dañó? ¿y la familia a la cual lastimó de manera irremediable? ¿ellos pueden caminar tranquilos? ¿por qué a ellos no los aplauden? ¿ellos pueden “dejar todo atrás”, como el sacerdote Palma?
Yo lo que entiendo menos son los aplausos de sus feligreses. ¿Por qué le aplauden? ¿Será por incumplir una regla fundamental de su Iglesia? ¿Será por tener relaciones sexuales con una mujer casada y con hijos y además grabarse, a riesgo de que los videos se publicaran y esto le causara dolor a la familia de la mujer? ¿Será por no proteger una de las instituciones a las que la Iglesia Católica dice representar, es decir, a la familia? ¿O le aplauden por haberlos engañado a todos? Debe de ser una escena irónica ver a los feligreses haciendo fila para confesarle sus pecados al curita.

domingo, 17 de mayo de 2009

La muerte de un poeta


Acabo de enterarme de la muerte de Mario Benedetti. Murió en Montevideo, en su país natal, Uruguay, a causa de una complicación intestinal. No tenía idea, pero ahora leo que sus últimos días fueron dolorosos y tristes, ya que su cuerpo, sencillamente, lo abandonaba.
Escribió más o menos ochenta libros. Nada más y nada menos. De tantos libros, yo leí algunos que he apreciado mucho. El primero de ellos fue “La Tregua”, que, si no me equivoco, es de sus primeras novelas. Desde que recuerdo, mi familia lo ha tenido en casa y ya es parte de la misma. Me había acostumbrado a recordarlo como si estuviera vivo.
De esa novela y de sus libros de poemas, que es lo que más conozco, recuerdo, primordialmente, tres cosas: la sencillez, el humor, el pesimismo. La sencillez en sus palabras y en sus ideas y en la temática de su poesía: tan cerca de la vida diaria, del amor y el odio y el rencor diarios, que es imposible no sentirlos propios o no tener la sensación de mirarse en un espejo. El humor, que siempre está presente y que nos propone una forma distinta, quizá mejor, de mirar al mundo. Y, por último, el pesimismo, que para él, creo yo, siempre fue una mina de verdades y de certezas.
¿Se puede ser amigo de un escritor al cual uno no conoce en persona? Yo creo que sí. Cuando ese escritor, desde aquél lejano y desconocido país llamado Uruguay, escribe del amor y del sexo, del cansancio y del hastío, del trabajo y del ocio, no podemos más que reconocer que ha captado, en su escritura, un elemento común a todos los humanos que habitamos este desventurado planeta.
Ha muerto un excelente escritor. Lástima: ya no los hacen como antes.



jueves, 14 de mayo de 2009

El Camaleón



La casa no está en silencio. Las habitaciones son recorridas por inquietos visitantes que, principalmente en tríos compactos, hablan, discuten, casi en silencio, susurrando, cuidando que sus palabras no salgan del círculo cerrado. Cuidando las formas, los modos.
Algunos fuman sin tregua, encendiendo el cigarrillo con la colilla del otro. Quizá quieren creer que las palabras se disuelven como el humo. Quizá creen que las palabras salen de la boca y se elevan en el espacio, en el ámbito de la habitación, para después, mágicamente, doblegarse con sutileza, desaparecer tímidamente. Ya no son nada, se dice uno, con el cigarro erecto en su boca, el humo saliendo de su nariz. Uno gordo, de bigote espeso y barba rala, brilloso por el sudor: ya no están, piensa, leyendo el periódico, estamos seguros. Uno más flaco y con ojos profundos, completamente lampiño, piensa: ¿lo estamos?
La casa es de dos plantas: la parte inferior es la más amplia y ahí ocurre la reunión. La planta alta es más estrecha: está conformada por un laberinto de pequeños pasillos, iluminados por luces tenues y amarillentas, por donde, ocasionalmente, se ve una enfermera o un médico caminando nerviosamente, trayendo medicamentos, sueros, anestesias, hablando entre ellos, saliendo y entrando de uno de los numerosos cuartos. Es el cuarto en el cual agoniza un viejo lagarto, un camaleón que, diría él, en años mejores, disfrutaba de una omnipotencia e impunidad digna de un rey.
En días anteriores, el moribundo lagarto ha tenido una visita poco oportuna: una periodista. El Camaleón la recibió muy serio pero, secretamente, feliz y esperanzado. Esta clase de viejas bestias no acostumbran mucho al contacto con esos insidiosos y malintencionados bichos que son los periodistas, pero el Camaleón ha accedido, movido, quizá, por la curiosa sensación de debilidad que la enfermedad le ha concedido. Luego de una vida de estricta disciplina formal, de minucioso cuidado de los modos y, sobre todo, de las palabras, el viejo lagarto se dio la libertad de hablar un poco, solo un poco más abiertamente. En base a monosílabos y cuidando no atacarse a sí mismo, no manchar su memoria, el que antes fuera el Rey de los Lagartos comienza a hablar, primero sutilmente pero después, dejándose llevar por los dardos de la periodista, con mas atrevimiento, acerca de otros camaleones de influencia: él robó, él se vendió al narco, este otro fue corrupto, el de mas allá solapó la corrupción de su familia.

No debo olvidar la regla de oro: nunca atacarse a uno mismo. Caray, a mí que me cuentan, si yo vengo del fondo del hormiguero. Yo ayudé a cavarlo.
Sí. Sí, un dedicado obrero. Una hormiga, eso fui. Un hombre de Partido, carajo. A la mierda el mundo siempre y cuando mi Partido, la Manada, se salve: la nación se va a la mierda, pero el Partido, la Jauría, ahí está, inmóvil como una roca gigantesca, como un pilar muy fuerte que nos sostiene a todos. Nada más importa.
Dicen que nos quitaron del poder. Todos son unos pendejos. Nada más que pendejos. Y ciegos, además. A nosotros nadie nos quita, nosotros formamos este puto país, bola de cabrones, bola de ciegos. Tendrían que agradecernos. Nosotros formamos el hormiguero, nosotros creamos las reglas del poder, fuimos sus pioneros. Estamos en la estructura, bola de ciegos cabrones, ahí estamos. El poder dirá otras cosas, pero las dice con nuestra voz. Todavía tiene nuestro rostro, nuestro gesto. Su piel, la piel del poder, todavía es piel de camaleón. Son nosotros, pendejos.

La casa está en silencio. Un teléfono suena: es la llamada que tarde o temprano tendría que llegar desde el fondo del hormiguero. Alguien cercano al Camaleón contesta, preocupado. La voz es perfectamente audible: resuena en toda la casa:
-Que diga que está enfermo. Que no supo que dijo. Que se haga pendejo un rato. Que diga estoy enfermo y no pienso bien, mis capacidades intelectuales están mermadas: la periodista se aprovechó. Que se ataque un poco a sí mismo, que rompa la regla de oro: a fin de cuentas, nada pierde, ya se está muriendo.

El Camaleón tiene los ojos cerrados, pero no duerme. Está recordando aquellos viejos tiempos, aquéllos buenos tiempos en los que él era el jefe, el líder, el Camaleón supremo. El Dignísimo Señor Presidente Miguel de la Madrid Hurtado. El Impune.

Evidentemente, esto es una escena de ficción. Yo no sé donde está convaleciendo de la Madrid, si en un hospital o en su casa. Yo no sé cómo es la casa de De la Madrid. Yo no sé qué dijo ni qué piensa. No sé tampoco si su casa está llena de señores preocupados. Es, sencillamente, que al leer esta entrevista, que le hiso Aristegui a De la Madrid hace unos días, me llega esta imagen a la cabeza: el político viejo y corrupto, con una cola kilométrica que le pisen, diciendo, al menos, parte de la verdad que él conoce porqué el participó en ellas. Me viene a la mente la imagen de ese PRI, fiel solamente al poder y que tanto daño le ha hecho a este país en tantos sentidos pero, principalmente, en el aspecto psicológico, mental: la sensación de que solo el que tranza avanza y de que este país no tiene solución. Esa es la herencia del PRI.


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lunes, 11 de mayo de 2009

El crimen del Padre Cutié


En Miami, esa cálida ciudad norteamericana, vive Alberto Cutié, quien es un joven sacerdote (cuarenta años), hijo de cubanos que salieron de la isla a causa del huracán Castro, en dirección a Puerto Rico, en donde el ahora muy famoso padre nació. Este sacerdote es muy conocido por la comunidad latina en los Estados Unidos a causa de una serie de programas, tipo Talk Shows, en donde el dicho Padre ayuda a sus invitados a resolver problemas de tipo sentimental y un largo etcétera.
Hace unos días, la revista TVNotas ha publicado unas fotos en donde el Padre Alberto se besa y se toca con una misteriosa chica, mientras retozan en la playa. La portada de la revista se pregunta “¿y el celibato?”, con una de las fotos en cuestión como fondo. Alberto Cutié ha admitido la veracidad de tales fotos y ahora dice que está enamorado de aquella chica y que “no pedirá perdón por amar”.
El caso ha hecho renacer el debate en torno al celibato en la Iglesia Católica. The Miami Herald ha publicado un sondeo, en donde el 74% de los encuestados dicen estar en desacuerdo con el celibato obligatorio para los sacerdotes católicos y a favor de la relación entre Cutié y la chica de la playa.
Siempre ha sido un tema polémico y, en realidad, en la Biblia no existen argumentos a favor del celibato, ni en el Antiguo Testamento ni en boca de Jesús o de alguno de sus apóstoles. Entonces, ¿por qué existe?
Fue a mediados del siglo XVI, durante el Concilio de Trento, cuando esta regla católica fue establecida ya formalmente y de la manera en la cual la conocemos. Esta característica de los sacerdotes católicos no es común a todas las confesiones cristianas, ya que, por ejemplo, la Iglesia Ortodoxa, que cuenta con 225 millones de fieles, principalmente en la zona de Europa del Este, si admite que sus sacerdotes se casen, siempre y cuando esto ocurra antes de ordenarse, que sea con una mujer de “buena fama” y, por último, que sea la primera y última vez en que se casan. Muchas confesiones protestantes también admiten el matrimonio de sacerdotes con condiciones similares.
La Iglesia Católica, por su parte, adoptó el celibato por varias razones: disciplina; la aspiración de irreprochabilidad en los sacerdotes; evitar problemas como, por ejemplo, que los hipotéticos hijos de sacerdotes reclamen, como parte de la herencia, a la misma parroquia y otros bienes de la Iglesia, etcétera. Sin embargo, el mundo ha cambiado y va por otros rumbos, inevitablemente.
Esto es un tema que compete, más que a nadie, a los católicos, entre los cuales no me cuento. Son ellos, los fieles católicos, los que tratan de vivir conforme al modelo que tal Iglesia les presenta, los que tienen más peso en este debate y quienes deben de tener la última palabra. Mi opinión es la de un respetuoso pero, a fin de cuentas, externo observador: no creo que el celibato ayude a ser mejores personas a los sacerdotes, ya que, sencillamente, se les niega el sano desarrollo de una necesidad psíquica, de un impulso natural que, bien llevado, no tiene porqué ser sucio o reprochable.
Siempre me he preguntado cómo es que los sacerdotes dan consejos acerca del matrimonio, consejos que son muy tomados en cuenta, siendo que no están casados. Si no tienen el conocimiento práctico de lo que implica un matrimonio, entonces, ¿Cómo pueden saber qué cosa recomendar? El celibato les niega, pues, un conocimiento imprescindible al momento de actuar como guías espirituales y un derecho que adquieren al momento mismo de nacer: ejercer su sexualidad de manera responsable y enamorarse sin miedo a un escándalo como el protagonizado por el desdichado Padre Alberto.
Mi humilde recomendación para el sacerdote enamoradizo de Miami, ciudad llena de tentaciones carnales, por cierto, es la siguiente: cuelgue los hábitos, cásese y siga adorando a Dios desde la comodidad de su casa, acompañado de su amada, y deseada, consorte.

sábado, 2 de mayo de 2009

De la influenza y los latidos de mi corazón



En el siglo XIV, en los puertos de Europa, era posible observar una imagen tan tétrica como, curiosamente, poética: barcos en donde, luego de la travesía, nadie quedaba con vida, a causa de la terrible peste negra. Cuando embarcaban, desde Europa del Este, alguno de los marineros llevaba en su sangre la terrible muerte y toda la tripulación era consumida. La peste negra causó la muerte de la mitad de la población de la Europa de aquellos años: 25 millones, el equivalente aproximado a la población de la Ciudad de México. Causó, además, más de 30 millones de muertos en África y en Asia, en donde, presumiblemente, se originó la dichosa enfermedad (¿porqué todas se generan en Asia?)
Evidentemente, no estamos en tal situación. Al menos, aún. Pero ya existen voces, de médicos y epidemiólogos, que hablan de una “mutación” del virus. Es decir, el virus se volvería más letal. Ya comienzan a verse lo que se llama “cepas resistentes”, es decir, generaciones de virus que se han adaptado a los medicamentos que actualmente se están utilizando para combatirlos.
Hasta el momento y a mi parecer, el Gobierno de México (el normal, porque yo me pregunto, haber Lopitos, según tu eres Presidente, pero ¿Qué estás haciendo?) ha controlado bien la situación. La suspensión de las clases a nivel nacional y el cierre de cines y bares y centros nocturnos me parece acertado, un reflejo rápido, que responde, además, a las instrucciones de la Organización Mundial de la Salud, que está compuesta (¿se han fijado?) de casi puros orientales: es decir, gente curtida en estas batallas.

Pero, ¿qué es lo peor que podría suceder? Javier Sampedro ha publicado un texto interesante acerca de esto, que ha salido en El País. Les recomiendo que le den una buena leída. Básicamente, nos dice que hay tres variantes de crisis: primero, que el virus mute y se vuelva más resistente y letal, cosa que podría ocurrir más bien rápido, dado que la vacuna aún está lejos; segundo, la crisis económica profunda, de la cual ya se ven indicios; la tercera, la irracionalidad humana.
Como suelo ser pesimista, este caso no es la excepción. No soy experto en virus (en nada) pero me late que éste muta; no soy economista, pero me da un fuerte latido en el corazón pacheco a que la crisis aumenta; no soy sociólogo, pero estoy convencido de que el ser humano sigue siendo bastante bestial e irracional.



Los signos no nos favorecen. Y, ahora, ¿Quién podrá salvarnos? ¿Llegarán los cruceros por el Caribe repletos de muertos?

martes, 28 de abril de 2009

La enfermedad

He estado enfermo últimamente, nada que ver con la influenza. Tal acontecimiento me ha puesto a pensar.
Estaba yo tirado en mi cama, sin un momento de paz, dizque viendo televisión pero en realidad no veía nada porque no me podía concentrar. La persiana de mi habitación estaba semiabierta, pues tenía calentura y necesitaba aire fresco. Ya era tarde y la noche caía. De afuera, del mundo, me llegaba un aroma de libertad y casi podía sentir el aire fresco, la calle bajo mis pies. Tenía tantas ganas de hacer lo que ya nunca hago, por desidia y con el mal pretexto de la falta de tiempo: caminar de noche, pensando en cualquier cosa. Algo tan sencillo como eso, tan fácil.
Recuerdo ahora todos los días que he desperdiciado. Las ocasiones en que pude haber reído y, en su lugar, me quedé callado, sintiendo como la tristeza o el rencor me invadían. Y me doy cuenta de que me equivoqué.

lunes, 27 de abril de 2009

Los virus



Cunde el pánico por la influenza. No es para menos: por lo que se sabe, es un virus bastante contagioso y contra el cual el cuerpo no tiene defensas naturales, pues no existía antes, no al menos en la modalidad que ahora nos ataca. La buena noticia es que hay cura.
Nosotros, los sufridores mexicanos, dignos herederos del espíritu alcohólico y sentimental de San Pedro el Infante, estamos ya más o menos acostumbrados a los virus. Si no me creen, les pongo un ejemplo: desde julio del 2006 nos invadió un virus mutante, muy contagioso y aglutinante: López Obrador. Sé que está medio raro eso de juntar ambas cosas, pero cuando pienso en la influenza, se me viene a la mente, de forma automática, el rostro iracundo y siniestro del Gran Pejelagarto.
Evidentemente, no cometería el asalto a la razón de culpar al PRD de la epidemia. Solo digo que las enfermedades se crean por los ambientes sucios y, si seguimos tal regla, cabe la posibilidad de que esta curiosa situación en la cual nos encontramos haya nacido en las casillas electorales de los procesos del sol azteca. Un baño público en un día ardiente y húmedo, sin agua, resulta más reconfortante que esas elecciones antihigiénicas.
El anterior, según los que saben, resulta el virus más maligno: un engendro del mal. Pero no es el único, ni el más antiguo. Hay otro que se llama PRI. Es el más viejo de todos y es increíblemente mutable, a tal grado que puede pasar por cura, siendo todo lo contrario. Sigue siendo la enfermedad más común en nuestro país y funciona de maneras poco ortodoxas: primero promete, después construye terriblemente mal y luego nos pide, nos exige, que le demos las gracias.
Así, nunca faltará un alma sencilla que nos dirá: “al PRI le debemos el IMSS, el ISSTE, PEMEX, CFE, el Ejército que tenemos, las policías que tenemos, las carreteras por las cuales acostumbramos viajar…” Para ese entonces, muchos se quedan en silencio, con ojos dubitativos, al darse cuenta que están mencionando a puros elefantes blancos. No sé a ustedes, pero a mí nomás no me nace agradecerle al PRI las policías temibles y delictivas que “nos protegen”, las carreteras llenas de baches e inseguras (o alguien me dirá que está feliz de la vida con ellas?). Tampoco me llega la inspiración necesaria para declamar loas al PRI, y al nido de ratas que acoge amorosamente en su seno, cuando pienso en la empresa petrolera que nos han legado o en la de electricidad, sencillamente porque, para decirlo en pocas palabras, son monopolios de Estado, no permiten la competencia y están infestadas de corrupción, desde sus bases.
Ya alguien me ha criticado en este blog, y fuera de él, por criticar siempre al PRI y al PRD y nunca criticar al PAN. Reconozco que es cierto, pero les pido comprensión e imparcialidad a todos y a continuación doy mis razones para tal supuesta parcialidad. Según yo, fue en tiempos del PRI cuando iniciaron (algunas) y se desarrollaron (todas) las siguientes cosas: el narcotráfico; la pobreza extrema en las ciudades; el abandono del campo; la emigración hacia Estados Unidos; la rampante corrupción de la burocracia; el bajo nivel educativo, etcétera. Los del PRD siempre fueron priístas, incluso López Obrador fue presidente del PRI en Tabasco (curioso: el himno del PRI en ese estado lo mandó hacer él): es decir, son lo mismo.
Si algo le puedo criticar al PAN, sería no haber resuelto con la rapidez y eficacia que se requiere los problemas heredados del PRI. Pero no le puedo criticar el haberlos generado.
Aunque pareciera que esta entrada ha cambiado mucho de tema, de la influenza a la política, en realidad, si bien se fijan, no son tan diferentes.