sábado, 24 de diciembre de 2011

Escrito desde una oficina

Las cosas van y vienen, e igual la gente. Hace unas noches (apenas unas cuantas noches), eran mujeres y hombres como sombras; muchachas con ojos de lince, con un gato oscuro y sigiloso en lugar de alma, que no podían (que no debían) hablar más que de esos volúmenes innumerables que habían leído o que leerían después, deslumbradas; muchachos que discurrían sobre el mundo y sus perplejidades a gritos, oliendo el humo y el vómito, y cuyo palacio eran cuatro paredes ruinosas y una mesa en el medio. Las cosas van y vienen y ahora los rostros no son los mismos, ni el paisaje. Estoy sentado frente a la computadora, escribiendo o fingiendo escribir: frente a mi, un ventanal y dentro del ventanal, la calle (el ventanal está colmado de calle) y dentro de la calle hay carros y gente y me llegan ruidos difusos, como si yo estuviera dentro de una pecera. Mi trabajo es la frugalidad de las cosas: la importancia de no tener nada.

martes, 20 de diciembre de 2011

Balbuceos

Ya no hay mucho espacio para el silencio. Y mucha gente piensa que el silencio es la nada, la incomunicación, el vacío. Pero no siempre es cierto. El vacío tiende a ser ruidoso, la nada tiende a ensordecer. Y mira que lo digo por algo…

Aquí el cielo se ve más amplio. Da vértigo. Como si uno se fuera a caer en el cielo.

Aquí la tierra está seca pero, si escarba uno un poco, si uno está dispuesto a ello, se pueden encontrar verdaderos ríos.

martes, 27 de septiembre de 2011

Fósil


Se me han terminado las palabras. Estas son fósiles de las que eran. A la mejor no soy el único, no son las únicas.

Ulises se va. Pelea en Troya, la admira en su destrucción, y regresa. Recupera a Penélope, recupera su lecho cálido y largamente deseado. Recupera los valles oscuras de Ítaca. Se dice satisfecho pero se da cuenta, sin darse cuenta, que no es lo mismo. Sabe que en el fuego se consumió algo más que el esplendor de Troya.

Un hombre que estuvo en el infierno (como todos alguna vez) camina por una calle y es de noche. Respira hondo y le agrada el viento fresco, eso que llaman la libertad. Pero le gustaría estar con ella. Le gustaría que sus pasos fueran acompañados por los pasos discretos, borrosos, de ella. Se para a media plaza, mira al ángel y siente la tentación de convertirse en estatua.

jueves, 25 de agosto de 2011

Días de perdidas

No sé por qué me ha puesto tan triste la fecha de tu aniversario, Borges. Fue, sin duda, un día triste. Gris y fragmentado.

A la mejor es el hecho, para nada importante, de que ando extrañando muchas cosas por estos días y de que siento que la nostalgia es como una de esas canciones que, por las noches, no podemos despegarnos de la mente y que no nos dejan dormir. No estoy seguro pero pienso que lo que escribiste, lo que conocemos de lo que escribiste, está en clave nostálgica.

Pienso que te he convertido en un símbolo, Borges. Un símbolo oscuro, del color de la sangre seca. Y siento, en esta tarde que ya es noche, que estoy perdiendo ese símbolo. Que es como una joya, muy preciada, que no encuentro por ningún lado. Que es uno de los muchos símbolos que se me alejan.

domingo, 24 de julio de 2011

Nacimiento


I


Es la noche y es el lago (en este orden)

y la noche es total y todo lo impregna

y el lago está quieto, mortalmente quieto

y no hay forma de fantasear con discretos peces

viviendo o muriendo en el fondo del lago estático.

Alrededor del lago no hay nada. Nada.

Pero se conoce que el silencio, aquél silencio,

está colmado de gritos, de palabras guturales

como si de innumerables luciérnagas se tratara.

Se sabe que la sombra

está a punto de explotar

y que en ese mundo fuera del mundo

lo estéril es lo fértil

y que todo trasciende.

El fondo inasible del lago

es como el azulado brillo de la locura en los ojos

y nadie podrá decir el porqué.

II


Levantado de la nada,

de entre el tumulto de los muertos que no han vivido.

Levantado desde el fondo de un mar de sombras,

ungido por las sombras mismas que te anulaban.

Ungido.

¿Qué hiciste, pequeño, para merecer la luz?

¿Qué para vestirte de un rostro y un nombre?

Has elevado tu voz, pequeño, hacia algo que no conoces

pero que te conoce a ti.

Has caído en las manos de la vida,

en las sedientas manos húmedas de la vida,

en la infinita telaraña del tiempo

que ahora es tuyo y al cual perteneces.

A veces me pregunto si yo soy un simple rostro

del Tiempo, tu verdadero padre,

tu más profundo origen.

domingo, 17 de julio de 2011

Los tesoros

Estas palabras se revelan en mi contra.

Conspiran, las desgraciadas. Las pobresitas palabras.

Están aquí, frente a mi, sin estar realmente aquí, frente a mi.

Están en tantos lados. En muchos, al mismo tiempo.

Unas son como tumbas o fosas comunes.

Otras son como la clave de un laberinto que no podré descifrar

o como un brillo esperanzador en mitad de la calle

que resulta ser basura o un pedazo de metal, y no el oro que pensábamos.

Uno desciende a sí mismo,

en busca de las palabras,

con la misma actitud, la misma locura,

del buscador de tesoros

que derrumba su casa por una corazonada, por un indicio

que resulta ser falso.

Casi todas las palabras que encontramos son falsas:

como si fueran la piel mudada de un reptil maravilloso.

Como oropel.

Pero, a veces…

Uno desciende a sí mismo

y es entonces una voz, que no es la nuestra,

que uno reconoce como ajena

y que no es ni de diablo ni de dios

sino de algo más antiguo,

más elemental

y que es la fuente de los nombres

sin tener ella misma un nombre,

que es la raíz de las palabras

siendo en sí misma sorda y muda

e invisible a las palabras.

Que no tiene símbolo.

lunes, 11 de julio de 2011

Las tardes


Últimamente, principalmente cuando voy caminando, me he sentido pesadamente viejo. Ni cansado ni lento ni enfermo ni nada parecido. Viejo.

Y ya sé que es estúpido, porque no soy viejo. Pero bueno, no puedo evitarlo y camino y me siento viejo.

Miro a muchachos de mi edad pasar al lado mío y no sé, siento que se ven más ágiles, más descansados. Siento que caminan como propulsados por el mismo viento o por el calor de la tierra.

Y entonces, de pronto, me siento así y no me sorprendería toparme, durante mi trayecto, con algún repentino espejo y que éste me devolviera la imagen de mi rostro, el mismo, pero surcado de profundas arrugas, de grietas que parecieran querer atravesarme, furiosas por algo que no sé.

No me sorprendería mirar mis ojos cansadísimos. Pero con ese cansancio que ya no se quita con el simple sueño, sino con el sueño abismal que purifica, que todo lo purifica y lo anula.

Así me siento de repente. Sn previo aviso y sin razón alguna. Y no importa si atardece o si está apenas naciendo el día. Da igual.

miércoles, 6 de julio de 2011

Ramificaciones


Iba a escribir que todos andamos como muertos,

que nuestras alegrías son crueles espejismos

y que nos damos de topes contra ellos y la cara nos sangra,

tarde o temprano.

Iba a escribir que el tráfico de la ciudad nos consume

y que nos corroe la sangre un rencor tan viejo que ya no es nuestro,

y sería válido escribirlo.

Pero mejor escribiré que tus ojos son más oscuros

que las calles más remotas y mas ajenas,

que tu piel, fina y acuática, es el fruto

de la vaga figura que mis pasos han formado

y que tu llanto es nuevo, único bajo el sol

y puro y quisiera que así fuera por siempre.

La ciudad se ramifica y siempre me había intrigado

el misterio del centro, del eje de dicha perdición: la raíz.

Hasta ahora la conozco.

viernes, 1 de julio de 2011

Necesaria división


Queriendo una sopa de grillos, obtuve más bien un bodrio. Dos o tres entradas con textos poéticos (que intentan ser poéticos) se rompen, de pronto, con una escueta y fría anotación sobre política y de allí, otro intento de poema. Un asunto molestamente antiestético. La división es inevitable y así nace www.zona-politica.blogspot.com, en donde verteré mis desatinadas e hipersensibles opiniones de índole política, dejando a Los pasos de humo en paz con sus poemas y demás textos de temas literarios. Curiosamente, esta división sólo me fue evidente hace bien poco tiempo, cuando comencé a publicar poemas de modo más constante: esencialmente, este blog ha tratado sobre política (según me indican las etiquetas). Hasta este momento.

Zona política está recién nacida, aún en blanco y sin su forma definitiva. Sin embargo, la política, esa interminable y grotesca tragicomedia, me dará, ni qué dudarlo, muchísimos corajes sobre los cuales escribir.

martes, 28 de junio de 2011

Dialogos

Ya se ha escrito mucho sobre el debate, o el diálogo o como se quiera definir, entre Sicilia y Calderón, así que quizá repetiré algunos lugares comunes. Aún así, me parece que es un hecho demasiado importante como para dejarlo pasar: no me acuerdo de ningún diálogo parecido, en Latinoamérica, entre un Presidente y un miembro de la sociedad civil, uno, además, tan crítico con el gobierno federal. Recuerdo debates, muy duros e intensos, entre la oposición española y Zapatero, por ejemplo. Incluso, entre Tony Blair, de Inglaterra, y el parlamento. El hecho de que no recuerde un caso en Latinoamérica no es difícil de explicar: aquí hemos sido, históricamente, presidencialistas. El gobernante, sea un dictador o sea un demócrata, es visto siempre como una autoridad completamente ajena a la población, la cual puede ser admirada o detestada, según el caso, pero nunca, jamás, confrontada y obligada a escuchar a la sociedad civil. Eso fue lo que pasó en el encuentro entre Sicilia y Calderón, y me parece histórico y, sobre todo, positivo.

La llegada del PAN a la presidencia en 2000 tuvo ese efecto: desmitificar a la figura presidencial. Sucedió, claro, desde Fox y se ha continuado con Calderón, el cual se ha abierto al debate como ningún otro presidente, sin temer a exagerar. Es curioso que, para muchas personas, esto sea un claro signo de debilidad gubernamental y que añoran, de un modo un tanto masoquista, la vuelta del presidente todopoderoso, estilo Salinas o De La Madrid. La vuelta al viejo sistema: de hecho, en la cuestión, por ejemplo, de la seguridad, esto ha sido, últimamente, el tema de moda. Ese “tema de moda” nos dice que la estrategia punitiva del Estado mexicano (olvidan decir que de una parte del mismo, es decir, el federal, porque los Estados están completamente fuera de todo esto) ha fallado, y que hay que pasar a la estrategia, dicen ellos, “disuasiva”. Esto ha sido expuesto, principalmente, por este artículo de Nexos. Y básicamente, la idea es volver a lo de antes. Estrategia disuasiva es, a fin de cuentas, un eufemismo académico de “hacerse pendejos solos”. En fin.

Somos un país en donde todos hablan de “avances” y de “progreso”, pero que mira, desesperadamente, hacia atrás, hacia el pasado. Y así, vamos a terminar tropezando y cayendo, otra vez.

lunes, 27 de junio de 2011

Evasión

Un argumento en contra de la ebriedad es aquél que señala que los ebrios intentan, absurdamente, huir de la realidad. Evaden al mundo, dicen los abstemios, y cuando lo dicen se sienten orgullosos, profundamente orgullosos, de su sobriedad. Echan una última mirada, despectiva o compasiva (que es lo mismo) a un borracho que reposa su inconsciencia tirado en la calle o en el pasto húmedo de un parque o en un charco, cerca de un bar.

Luego se van a su casa y se duermen y sueñan y secretamente quisieran no despertar, quisieran habitar por siempre en ese mundo en el cual entre la mente y la materia no existe un abismo que es como una herida. La más antigua de todas; la fundamental.

Luego despiertan y es entonces el tráfico, el rugido interminable de la ciudad, el destello de sus garras. Las palabras que son simples trámites, sonidos huecos y eficientes; la sonrisa y la mano tendida que son simples formalismos, gestos desprovistos de toda trascendencia; la indignación y el escándalo por los temas de siempre, indignación que es ya una rutina, un lugar común; la repentina sensación de que todo es una gran máscara; la sensación de que los horarios y las prisas y el reloj siempre demandante son en sí una evasión más profunda, más total, de algo que está detrás de todo, de algo más puro y más armónico que hace mucho que abandonamos, que quizá nunca conocimos pero que percibíamos más cercano, como la brisa del mar o el calor del fuego.

martes, 14 de junio de 2011

Puertas


Curioso mirar al mundo como por debajo de sí mismo,

o como por fuera, da lo mismo.

Curioso mirar una fotografía de ti y de mi

abrazados, yo serio y tú sonriente, frente a una estatua

que representa a dos curiosos leones luchando entre sí

y que nos esperaba en una calle que ya no recordamos

y sentir, de pronto, que la vida te juega bromas como ésta

y que detrás de la simple imagen hay un significado infinito

que nos rebaza pero que presentimos,

oscuramente y sin palabras. No hay palabras.

Curioso mirar un objeto o a una persona o escuchar una palabra

y sentir que ese objeto, insignificante y vulgar, se ramifica

como un árbol de significados,

que esa persona, desconocida y fugaz, es como un túnel, luminoso,

que se adentra en una zona desconocida de la realidad,

que esa palabra escuchada al pasar

sea el eje de los días.

Curioso mirar la escalera de espiral,

el basurero de la esquina

o la cortina del ventanal de la casa en donde vivo

y pensar que en mi cerebro hay puertas cerradas hace mucho tiempo

que se abren precisamente con esas llaves.

domingo, 5 de junio de 2011

Poema escrito bajo los efectos del Tafil

Yo estoy en mi casa, acalorada, un poco sofocante.

La ventana tiene una cortina semitransparente

así que no puedo saber que está la noche húmeda,

que están la calles mudas como los gatos que las recorren,

veloces y escurridizos como fantasmas;

que, más allá, está el canal, que es como un río apresado,

que siempre me ha parecido bello por triste y viceversa;

que hay casas y esquinas que nunca he visto ni veré,

que son la sombra y lo vedado;

más allá todavía, en las tierras altas, hay una casa que me espera

y un hijo pequeño, un hombre en blanco,

recién levantado de la muerte y de la nada,

que aún no me reconoce pero que me mira con pasmo, alerta.

Hay calles y calles y calles

y mendigos y putas y borrachos

y un aire fresco, de lluvia, que se cuela en los pasillos

de un hotel de paredes verdosas y despintadas

y de un bar de luces rojizas, como de un sueño.

Y hay muertos y vivos y rocas y arboles domesticados.

Pero yo salgo a mi balcón y sólo miro un oscuro laberinto,

tan acogedor como un mar embravecido.

lunes, 30 de mayo de 2011

Telarañas

Ya le están saliendo telarañas a este blog y huele a casa abandonada. No lo está. Sólo digamos que los inquilinos andan fuera, que andan de viaje y que, a su regreso, traerán figuras talladas en hueso y palabras como talismanes.

Por lo pronto, que el polvo gane la batalla. Lo hará, de todas formas.

miércoles, 18 de mayo de 2011

El perro

Caminaba el otro día por una de las avenidas más espantosas de esta ciudad cuando vi a un perro que se moría. Era pequeño, casi cachorro, y, según me dijo un apático muchacho de un taller cercano, lo habían arrollado en dos ocasiones. Con su tamaño, y su debilidad, con una sola vez hubiera bastado para matarlo.

Así que allí estaba, agonizando lentamente, al borde de la banqueta. Supongo que se había arrastrado sólo hasta allí. Ya no podía moverse y sus piernas temblaban levemente, y en su mirada había muchísima tristeza, una tristeza profunda y fatal. Yo creo que sabía perfectamente que nada podía hacerse y que se moriría, sólo, en medio de la noche.

Me quedé un rato y le acaricié la cabeza. Hice algunas llamadas, pero la hora y el día no favorecían y nadie podía ayudar. No tenía yo dinero para pagarle a un veterinario, que son unos ladrones, para que viniera a dormirlo. Pasaron muchas personas y nadie miraba siquiera, y quienes lo hacían sencillamente rodeaban, mirando con asco o con indiferencia, y seguían su camino. Tenía que irme y me fui.

Al día siguiente, los periódicos anunciaban, a gritos, los muertos de la noche anterior. Ejecutados, secuestros, asaltos. No me sorprendí en lo más absoluto. Pensé que ese perro moribundo era el símbolo de algo más grande y más cruel, algo que uno no puede mirar a los ojos porque entonces se mira a sí mismo.

Un perro moribundo que nadie ayuda es un hombre que muere de hambre y que nadie alimenta que es un hombre que ejecutan en el desierto y que nadie auxilia que es una mujer violada y asesinada que nadie…

miércoles, 11 de mayo de 2011

Lo posible


Ya no hay poetas.

Hay personas que escriben poemas,

incluso buenos poemas,

pero ya no hay poetas.

Ya no se puede.

La ciudad es del concreto, del hierro, del plástico,

y esto nos gusta porque es lo que hemos creado

y porque en las esquinas se quiebra la sombra

y porque en las calles del polvo los perros se disputan la basura.

Y esto nos gusta.

Alguna vez fui feliz en un patio de paredes altas,

ahogado en una atmósfera sucia y corrupta.

Alguna vez caminé delirando y caí y abrí mis ojos

y vi entonces la ciudad tan sola y tan llena de gente

y me levanté y entendí que esa era la libertad posible

y yo quería encontrarme con un bulto de ropa y periódicos

tirado en alguna esquina, buscando el sueño bajo algún puente,

para decirle, bajando la voz, que su camino era sabio,

que era un camino desgastante e interminable, como todos;

que tú no tienes, hermano, ninguna culpa

de los insectos que te caminan el cuerpo cuando duermes,

del olor a descomposición que te acompaña,

de la mugre y de los piojos,

de la punzante y quemante soledad

que terminará por enloquecerte.

Que tú no tienes, hermano, ninguna culpa

y que no habrá Dios que se atreva a sopesar

si fuiste bueno o malo o ambas cosas o ninguna.

Ya no hay poetas

porque ya no somos los mismos.

viernes, 6 de mayo de 2011

Ángel de la guarda



Ya lo sé. Te he visto.

El tedio inescrutable del trabajo.

El tedio de la gente,

de aquellos que en una noche que fue tantas noches

llamaste amigos y que ahora cambian máscaras y discursos.

Caminas por un callejón oscuro, que juega a imitarte,

y sientes que en cualquier momento te convertirás en un vampiro

sediento de aquello que te falta y que no alcanzas a entender

o que te diluirás en esa noche

que te envuelve como boca de lobo,

en esa noche que sientes como un fruto húmedo y sombrío.

Es entonces una esquina y una mujer y un precio

y el otro cuerpo, no el tuyo, sino el otro: lo indecible.

Y esa visión, una pálida espalda arqueándose,

te aguijoneará durante un par de noches

y después se irá, definitivamente.

Dirás palabras de cortesía y formalidad

y sentirás que esas palabras están vacías como tu pecho.

Llegará el día sólo para que llegue la noche

y la noche sólo para que llegue el día

hasta el final, secretamente deseado.

Ya lo sé. Te he visto.

Es triste la vida de los hombres:

es una huída interminable,

una vertiginosa caída.

miércoles, 4 de mayo de 2011

El paraíso


Dice Borges que los únicos paraísos

son los paraísos perdidos.

Y ha de tener razón

así que le hago caso.

Retomo el sendero de los días

y recupero el reino mío:

son carnívoras sus flores,

sus fieras son invencibles

como si estuvieran muertas.


A mí siempre me gustó sabotearme,

siempre cortarme las alas.

En todas las batallas tiene que haber suicidas.

lunes, 2 de mayo de 2011

Breve nota sobre Borges II


Entre el Borges cuentista y el Borges poeta, me quedo con el poeta (esto dicho con la mayor admiración para el cuentista). Son más conocidos sus cuentos que sus poemas, pero me parece que estos últimos son más sabios por lo mismo que exigen mayor concisión, mayor síntesis de contenido.

Textos intelectuales y nostálgicos, eruditos y narrativos al mismo tiempo, me han enseñado muchísimo, y no solamente en lo que se refiere a la escritura de un poema. Me han mostrado aspectos de mi mismo que creía inexistentes y me han hecho una persona un poco menos desdichada. Esto último se debe a que Borges, en general, te enseña, sin querer convertirlo en un poeta didáctico ni nada por el estilo, a apreciar los pequeños y cotidianos placeres: el sueño y la espera del sueño; la formación detallada y minuciosa de una línea de algún poema; la idea de la literatura como un juego personal, interminable; los rasgos de los demás; la sonoridad de ciertas palabras.

Entre todos sus poemas, o al menos entre los que he leído, hay uno que me gusta mucho. Es, quizá, mi preferido. Pero es que tiene tantos y todos tan buenos, carajo. Se llama “Buenos Aires”. Quizá uno de los fragmentos que más me han gustado de todo lo que he leído sea “Aquí la tarde cenicienta espera / el fruto que le debe la mañana”. Y el cierre del poema es fantástico. Me callo y los dejo con él.

Y la ciudad, ahora, es como un plano
de mis humillaciones y fracasos;
desde esa puerta he visto los ocasos
y ante ese mármol he aguardado en vano.

Aquí el incierto ayer y el hoy distinto
me han deparado los comunes casos
de toda suerte humana; aquí mis pasos
urden su incalculable laberinto.

Aquí la tarde cenicienta espera
el fruto que le debe la mañana;
aquí mi sombra en la no menos vana

sombra final se perderá, ligera.
No nos une el amor sino el espanto,
será por eso que la quiero tanto.

jueves, 28 de abril de 2011

Desde abajo


Una cosa es cubrir Túnez: es un escenario. Pero cuando los medios informativos se enfrentan a lo que actualmente sucede en Medio Oriente, su capacidad queda rebasada. Esto se asemeja a una epidemia de protestas, de revueltas. De revoluciones.

Difícil saber que es, realmente, lo que sucede. La realidad de un país, cualquiera, es siempre muy compleja y nunca podemos guiarnos por una visión de “buenos y malos”, de “héroes y villanos”, como lo han hecho muchos en el caso que nos ocupa. Pero una cosa parece clara, y se trata de una claridad que me entusiasma: las protestas, y los protestantes, parecieran estar “más allá del bien y del mal”. Me explico: hay dos “revueltas”, a mi parecer: una es la política, esa que están luchando los grandes poderes mundiales que están viendo, inevitablemente, a ciertos intereses peligrar o al menos en riesgo de peligrar. En este caso, podemos mencionar a Irán, por ejemplo, pendiente, como lo está, de cada movimiento opositor, a fin de que no se convierta en un Egipto; está, claro, Estados Unidos. Y uno muy importante, y que ha estado un poco callado pero que, sin duda, no ha estado inactivo, es Israel: para el estado judío es de vital importancia quien cae y, sobre todo, quien se levanta. Y hay muchísimos otros intereses políticos y económicos en juego, y todo esto conforma, a mi modo de ver, esa primera revuelta, que es, por cierto, la que los medios de comunicación más explotan.

Por otro lado, está la Revuelta, con mayúsculas. O la Revolución. Esa está más allá del bien y del mal porque no está interesada en los muchos intereses que está afectando, o en los muchos que está beneficiando: ellos sólo quieren libertad y mejores condiciones de vida. Si esto significa remover el avispero y provocar lo que tenga que provocarse, pues no les importa, y está perfectamente bien que no les importe. Y aquí, entonces, tengo que cambiar el orden y decir que esta sería la primera de las revueltas y la otra la segunda, ya que ésta provoca a la otra y no viceversa.

Es difícil saber qué está pasando realmente por allá, pero una cosa es segura: es Historia e Historia impulsada desde abajo, desde el pueblo, desde la ciudadanía, y por ello es admirable. A pesar de todo.

lunes, 25 de abril de 2011

Las dos voces


Ahí está la primera voz. La escucho, distante y desesperada, como si hubiera un laberinto y yo estuviera en algún punto, perdido, escuchando esa voz, la primera, que está en el centro y que trata de guiarme hacia ella. Los muros y rincones del laberinto ahogan la voz, pero me es inteligible cuando menos una pequeña parte del mensaje. Entonces, me siento frente a la computadora y comienzo a escribir.

Si escribo una frase que me satisface surge, entonces, esa segunda voz. Es lenta, cautelosa, pero afilada e inteligente como si fuera un demonio: me dice que no puedo escribir, que después de esa frase medianamente buena que he escrito nada bueno podrá salir. Me dice que mi cerebro se ha quedado seco, estéril. Yermo. Y antes la escuchaba: me quedaba pasmado, frente a la computadora, escuchando ese rumor escéptico hasta que terminaba por concederle la razón y entonces dejaba de escribir. Después, la odiaba profundamente y me odiaba a mi mismo por haberla escuchado. Era el tiempo en que pensaba que esa segunda voz y yo éramos enemigos.

Ahora entiendo que no es así.

La sigo escuchando siempre que escribo (la escucho en este momento) pero nunca le hago caso. Así, sin molestarnos demasiado, nos hemos dejado de odiar. En ocasiones, presto atención a sus argumentos, pero sólo hasta que me doy cuenta de que va teniendo cada vez más la razón; de que, en efecto, la línea que acabo de escribir en el poema ha salido más que deficiente y de que la siguiente no tiene muchas posibilidades de sonar mejor. La escucho discutirme sobre ese adjetivo que he agregado (“demasiado colorido, muy folclórico, suena espantoso, es contradictorio, muy gris, muy rimbombante, vas de mal en peor”) y sé que tiene razón, pero aún así me siento bien con el dichoso adjetivo y lo mantengo.

De tanto golpear el teclado, algo sale y no me siento tan mal con ello y lo subo al blog. Las dos voces y yo estamos en paz, entonces.

sábado, 23 de abril de 2011

Hallazgo

I

A ratos me atrevo a estar solo,

que es igual a decir conmigo mismo,

aunque así dicho duela más.

Me atrevo a mirarme en el espejo del tiempo

aunque tomando las debidas precauciones

y sin exceder las dosis recomendadas de ensimismamiento.

Que se puede uno morir.

II

Se me ve entonces redecorando las ruinas

e invocando imprecisos fantasmas.

Niego saludos y dejo manos extendidas

y se me malentiende.

Se piensa que soy tonto, pedante o grosero

y acepto que los tres adjetivos me los echo al cuello,

según la ocasión.

Pero no es el caso:

sucede que, en tales ocasiones, el mundo

se va de mis manos como el agua

y yo quisiera retenerla entre mis dedos y beber,

pero el agua se filtra y corre

porque si no, no sería agua.

III

La tarde también es como el agua

cuando su luz se filtra y corre entre las ramas de los árboles

o como un pájaro omnipresente,

pero aquella vez era la noche y un aroma y un cuerpo nuevos.

¿Recuerdas que te causé el primero dolor?

Ya desde entonces y desde entonces sin tregua.

El amor no reconforta ni calienta: calcina,

¿te acuerdas?

lunes, 18 de abril de 2011

La búsqueda

El anterior de mis poemas demuestra lo que es capaz de producir un hombre desconcentrado y de pocas luces como yo: un poema espantoso. Me di cuenta de ello, desgraciadamente, cuando ya lo había subido, y no me gusta eliminar algo que ya he aceptado. Por tanto, lo retomé y le cambié su forma, más no su contenido, pasándolo a prosa, borrando y agregando palabras. Cambié la voz narrativa: el poema está en primera persona y éste tiene un narrador omnisciente, lo que me ha permitido crear, como tal, a un personaje, que de hecho era la (frustrada) intención original.

Creo que ha quedado un poco mejor, o al menos estoy más a gusto con lo que ha resultado. Les corresponde a los lectores el juicio final.

La búsqueda

Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Éxodo 3:6


En un desierto, que ya no es el mismo, un hombre buscó a Dios y se supo fracasado desde el principio: no poseía la energía mística de los profetas ni la prodigiosa resignación que se requiere para lanzarse al abismo de la fe. Era, sin embargo, un curioso y un terco y, por ello, su derrota fue triple.

Habló, primero, con aquéllos que decían haber conocido a Dios, pero en la maraña de conversaciones no encontró lo que buscaba: eran hombres como ciudadelas amuralladas, como ciegos y hermosos Minotauros refugiados en su laberinto. De este primer fracaso emergió la soledad.

Se metió en la Biblioteca y de allí no salió en muchos años. Desde las primeras páginas comprendió que había errado, otra vez, su camino: entre los estantes (tantos y tan grandes que parecían, que eran, una ciudad de fantasmas) no encontraría Su Rostro, sólo su rostro, su rostro humano y bajo y lleno de mal. Lleno de tiempo. Pero era maravilloso hundirse en el error. Años después, volvería a sentir la luz del sol en su piel ya arrugada, en sus ojos deslumbrados.

No le quedaba más que su espíritu. Descendió a él, a sí mismo, como quien desciende a los infiernos. Lo primero que notó fue la hostilidad del paisaje. A lo lejos, en mitad de un páramo, se elevaba un castillo y frente a sus puertas un hombre y un dragón. Estos luchaban entre sí, pero hacía tantos años que mantenían su batalla, y tanto se conocían, que parecían estar jugando o bailando. Sin embargo, al amanecer de un día muy cercano, uno de los dos tendría que morir. El guerrero era él mismo, y su rostro era fiero e infatigable.

Decidió suspender la búsqueda. La zarza era demasiado luminosa, la voz de la zarza demasiado verdadera.

domingo, 17 de abril de 2011

Búsqueda interrumpida


Yo quería encontrar a Dios.

Estudié lo que los hombres habían imaginado acerca de Él.

Leí mucho, pero Su Rostro no apareció, tan sólo el mío:

mi cara, tan baja, tan llena de mal.

Hablé entonces con quienes decían haberlo visto

y encontré hombres que eran como ciudadelas amuralladas,

como ciegos y hermosos Minotauros en su laberinto.

Me alejé de ellos. Y de todos los demás.

Pensé que quizá Dios estaba en mí,

que mi mente era una gruta, oscuramente clara,

en donde Él y yo nos pudiéramos citar.

Adentrándome en mí, como quien baja a los infiernos,

encontré a un hombre luchando contra un dragón:

ese hombre tenía mi rostro y era incansable.

El guerrero y el dragón, más que luchar, parecían estar jugando

pero uno de los dos moriría, en un cercano amanecer.

Entonces leí que Moisés, el que vino del agua,

se tapó los ojos para no ver a Dios

que era una zarza en llamas.

Imaginé el sabio espanto de Moisés,

la prudente cobardía de la ignorancia

y decidí suspender la búsqueda.

Dios, me dije, no existe existiendo,

lo creó todo sin crear nada.

miércoles, 13 de abril de 2011

Aquí

Aquí, en estas tierras ennegrecidas o rojizas o amarillentas, la gente desaparece. En mi ciudad, la gente se esfuma, como si un rayo invisible (que todos ven) los convirtiera en nada. O en memoria adolorida, quejumbrosa. Es algo tan triste, tan exento de palabras, tan difícil de pensar. La cacareada “violencia”, el torbellino, la sinrazón, la estupidez de las balas. La violencia. Es tan triste. Un hombre bebe en un bar. Es un hombre tan malo o tan bueno como lo es cualquiera. Mañana y tarde, el trabajo. En la noche el bar, unos tragos, pláticas desordenadas, simples. Después, la casa. Tiene un hijo que hoy aprendió a escribir su nombre y el padre se siente bien por ello. Tiene una esposa. A veces es feliz. A veces desea poder darle la vuelta al tiempo. Es tan triste. Unos hombres entran y el trago se le cae de las manos. Todo le parece un sueño. Una bala en el cuello: la sangre, profusa, espesa, sobre la barra. Da la espalda y le llueve. Una le destroza la cabeza. No supo nada, no comprendió nada. No supo quién lo mató. Nadie lo va a saber. Es tan triste. Un camión de pasajeros, la carretera interminable, a los lados un desierto polvoriento. Es un camión lleno de nombres y de memoria. Algunos duermen: soñarán que han llegado, soñarán su vida. Los paran, los bajan a todos y se los llevan. No hay modo de resistirse. Días, semanas después, el viento descubre sus rostros en la arena. Es tan triste. O pagas o quebramos a tu familia, escucha el comerciante: paga. El primero sale forzado, pero sale. El segundo pago se dificulta: el primero desestabilizó la tienda, no se le pudo dar vuelta. Un día, fatal, previsto en pesadillas, desaparece el hijo. Reciben en casa una grabación, sin video: su hijo grita de dolor, se escuchan los golpes, el llanto, el terror. Hay que sacarlo, hay que recuperarlo. Venden lo que sea, piden prestado, hipotecan. Semanas después lo recuperan, lo abrazan. Pasa un mes y ahora quieren más, no están satisfechos, ya sabes que te la cumplimos. Es tan triste. Hierve la sangre: uno quisiera matar a quienes matan, uno quisiera convertirse en el daño para contrarrestar al daño. Uno quisiera callarse y callado morir de hambre.

lunes, 11 de abril de 2011

Baldío


Este poema, resueltamente mediocre,

quisiera ser conjuro.

No alcanza a tanto, por supuesto:

el pobre nació manco, cucho, tuerto.

Hay gente que es tierra fértil,

y sus poemas un santuario

donde germinan las palabras.

Hay gente que es como el viento.

Yo soy un terreno baldío.

Mis palabras son libélulas oscuras y pesadas.

Son todas idénticas.

Hoy siento que el mundo es un cementerio de elefantes.