jueves, 25 de agosto de 2011

Días de perdidas

No sé por qué me ha puesto tan triste la fecha de tu aniversario, Borges. Fue, sin duda, un día triste. Gris y fragmentado.

A la mejor es el hecho, para nada importante, de que ando extrañando muchas cosas por estos días y de que siento que la nostalgia es como una de esas canciones que, por las noches, no podemos despegarnos de la mente y que no nos dejan dormir. No estoy seguro pero pienso que lo que escribiste, lo que conocemos de lo que escribiste, está en clave nostálgica.

Pienso que te he convertido en un símbolo, Borges. Un símbolo oscuro, del color de la sangre seca. Y siento, en esta tarde que ya es noche, que estoy perdiendo ese símbolo. Que es como una joya, muy preciada, que no encuentro por ningún lado. Que es uno de los muchos símbolos que se me alejan.

domingo, 24 de julio de 2011

Nacimiento


I


Es la noche y es el lago (en este orden)

y la noche es total y todo lo impregna

y el lago está quieto, mortalmente quieto

y no hay forma de fantasear con discretos peces

viviendo o muriendo en el fondo del lago estático.

Alrededor del lago no hay nada. Nada.

Pero se conoce que el silencio, aquél silencio,

está colmado de gritos, de palabras guturales

como si de innumerables luciérnagas se tratara.

Se sabe que la sombra

está a punto de explotar

y que en ese mundo fuera del mundo

lo estéril es lo fértil

y que todo trasciende.

El fondo inasible del lago

es como el azulado brillo de la locura en los ojos

y nadie podrá decir el porqué.

II


Levantado de la nada,

de entre el tumulto de los muertos que no han vivido.

Levantado desde el fondo de un mar de sombras,

ungido por las sombras mismas que te anulaban.

Ungido.

¿Qué hiciste, pequeño, para merecer la luz?

¿Qué para vestirte de un rostro y un nombre?

Has elevado tu voz, pequeño, hacia algo que no conoces

pero que te conoce a ti.

Has caído en las manos de la vida,

en las sedientas manos húmedas de la vida,

en la infinita telaraña del tiempo

que ahora es tuyo y al cual perteneces.

A veces me pregunto si yo soy un simple rostro

del Tiempo, tu verdadero padre,

tu más profundo origen.

domingo, 17 de julio de 2011

Los tesoros

Estas palabras se revelan en mi contra.

Conspiran, las desgraciadas. Las pobresitas palabras.

Están aquí, frente a mi, sin estar realmente aquí, frente a mi.

Están en tantos lados. En muchos, al mismo tiempo.

Unas son como tumbas o fosas comunes.

Otras son como la clave de un laberinto que no podré descifrar

o como un brillo esperanzador en mitad de la calle

que resulta ser basura o un pedazo de metal, y no el oro que pensábamos.

Uno desciende a sí mismo,

en busca de las palabras,

con la misma actitud, la misma locura,

del buscador de tesoros

que derrumba su casa por una corazonada, por un indicio

que resulta ser falso.

Casi todas las palabras que encontramos son falsas:

como si fueran la piel mudada de un reptil maravilloso.

Como oropel.

Pero, a veces…

Uno desciende a sí mismo

y es entonces una voz, que no es la nuestra,

que uno reconoce como ajena

y que no es ni de diablo ni de dios

sino de algo más antiguo,

más elemental

y que es la fuente de los nombres

sin tener ella misma un nombre,

que es la raíz de las palabras

siendo en sí misma sorda y muda

e invisible a las palabras.

Que no tiene símbolo.

lunes, 11 de julio de 2011

Las tardes


Últimamente, principalmente cuando voy caminando, me he sentido pesadamente viejo. Ni cansado ni lento ni enfermo ni nada parecido. Viejo.

Y ya sé que es estúpido, porque no soy viejo. Pero bueno, no puedo evitarlo y camino y me siento viejo.

Miro a muchachos de mi edad pasar al lado mío y no sé, siento que se ven más ágiles, más descansados. Siento que caminan como propulsados por el mismo viento o por el calor de la tierra.

Y entonces, de pronto, me siento así y no me sorprendería toparme, durante mi trayecto, con algún repentino espejo y que éste me devolviera la imagen de mi rostro, el mismo, pero surcado de profundas arrugas, de grietas que parecieran querer atravesarme, furiosas por algo que no sé.

No me sorprendería mirar mis ojos cansadísimos. Pero con ese cansancio que ya no se quita con el simple sueño, sino con el sueño abismal que purifica, que todo lo purifica y lo anula.

Así me siento de repente. Sn previo aviso y sin razón alguna. Y no importa si atardece o si está apenas naciendo el día. Da igual.

miércoles, 6 de julio de 2011

Ramificaciones


Iba a escribir que todos andamos como muertos,

que nuestras alegrías son crueles espejismos

y que nos damos de topes contra ellos y la cara nos sangra,

tarde o temprano.

Iba a escribir que el tráfico de la ciudad nos consume

y que nos corroe la sangre un rencor tan viejo que ya no es nuestro,

y sería válido escribirlo.

Pero mejor escribiré que tus ojos son más oscuros

que las calles más remotas y mas ajenas,

que tu piel, fina y acuática, es el fruto

de la vaga figura que mis pasos han formado

y que tu llanto es nuevo, único bajo el sol

y puro y quisiera que así fuera por siempre.

La ciudad se ramifica y siempre me había intrigado

el misterio del centro, del eje de dicha perdición: la raíz.

Hasta ahora la conozco.

viernes, 1 de julio de 2011

Necesaria división


Queriendo una sopa de grillos, obtuve más bien un bodrio. Dos o tres entradas con textos poéticos (que intentan ser poéticos) se rompen, de pronto, con una escueta y fría anotación sobre política y de allí, otro intento de poema. Un asunto molestamente antiestético. La división es inevitable y así nace www.zona-politica.blogspot.com, en donde verteré mis desatinadas e hipersensibles opiniones de índole política, dejando a Los pasos de humo en paz con sus poemas y demás textos de temas literarios. Curiosamente, esta división sólo me fue evidente hace bien poco tiempo, cuando comencé a publicar poemas de modo más constante: esencialmente, este blog ha tratado sobre política (según me indican las etiquetas). Hasta este momento.

Zona política está recién nacida, aún en blanco y sin su forma definitiva. Sin embargo, la política, esa interminable y grotesca tragicomedia, me dará, ni qué dudarlo, muchísimos corajes sobre los cuales escribir.

martes, 28 de junio de 2011

Dialogos

Ya se ha escrito mucho sobre el debate, o el diálogo o como se quiera definir, entre Sicilia y Calderón, así que quizá repetiré algunos lugares comunes. Aún así, me parece que es un hecho demasiado importante como para dejarlo pasar: no me acuerdo de ningún diálogo parecido, en Latinoamérica, entre un Presidente y un miembro de la sociedad civil, uno, además, tan crítico con el gobierno federal. Recuerdo debates, muy duros e intensos, entre la oposición española y Zapatero, por ejemplo. Incluso, entre Tony Blair, de Inglaterra, y el parlamento. El hecho de que no recuerde un caso en Latinoamérica no es difícil de explicar: aquí hemos sido, históricamente, presidencialistas. El gobernante, sea un dictador o sea un demócrata, es visto siempre como una autoridad completamente ajena a la población, la cual puede ser admirada o detestada, según el caso, pero nunca, jamás, confrontada y obligada a escuchar a la sociedad civil. Eso fue lo que pasó en el encuentro entre Sicilia y Calderón, y me parece histórico y, sobre todo, positivo.

La llegada del PAN a la presidencia en 2000 tuvo ese efecto: desmitificar a la figura presidencial. Sucedió, claro, desde Fox y se ha continuado con Calderón, el cual se ha abierto al debate como ningún otro presidente, sin temer a exagerar. Es curioso que, para muchas personas, esto sea un claro signo de debilidad gubernamental y que añoran, de un modo un tanto masoquista, la vuelta del presidente todopoderoso, estilo Salinas o De La Madrid. La vuelta al viejo sistema: de hecho, en la cuestión, por ejemplo, de la seguridad, esto ha sido, últimamente, el tema de moda. Ese “tema de moda” nos dice que la estrategia punitiva del Estado mexicano (olvidan decir que de una parte del mismo, es decir, el federal, porque los Estados están completamente fuera de todo esto) ha fallado, y que hay que pasar a la estrategia, dicen ellos, “disuasiva”. Esto ha sido expuesto, principalmente, por este artículo de Nexos. Y básicamente, la idea es volver a lo de antes. Estrategia disuasiva es, a fin de cuentas, un eufemismo académico de “hacerse pendejos solos”. En fin.

Somos un país en donde todos hablan de “avances” y de “progreso”, pero que mira, desesperadamente, hacia atrás, hacia el pasado. Y así, vamos a terminar tropezando y cayendo, otra vez.

lunes, 27 de junio de 2011

Evasión

Un argumento en contra de la ebriedad es aquél que señala que los ebrios intentan, absurdamente, huir de la realidad. Evaden al mundo, dicen los abstemios, y cuando lo dicen se sienten orgullosos, profundamente orgullosos, de su sobriedad. Echan una última mirada, despectiva o compasiva (que es lo mismo) a un borracho que reposa su inconsciencia tirado en la calle o en el pasto húmedo de un parque o en un charco, cerca de un bar.

Luego se van a su casa y se duermen y sueñan y secretamente quisieran no despertar, quisieran habitar por siempre en ese mundo en el cual entre la mente y la materia no existe un abismo que es como una herida. La más antigua de todas; la fundamental.

Luego despiertan y es entonces el tráfico, el rugido interminable de la ciudad, el destello de sus garras. Las palabras que son simples trámites, sonidos huecos y eficientes; la sonrisa y la mano tendida que son simples formalismos, gestos desprovistos de toda trascendencia; la indignación y el escándalo por los temas de siempre, indignación que es ya una rutina, un lugar común; la repentina sensación de que todo es una gran máscara; la sensación de que los horarios y las prisas y el reloj siempre demandante son en sí una evasión más profunda, más total, de algo que está detrás de todo, de algo más puro y más armónico que hace mucho que abandonamos, que quizá nunca conocimos pero que percibíamos más cercano, como la brisa del mar o el calor del fuego.

martes, 14 de junio de 2011

Puertas


Curioso mirar al mundo como por debajo de sí mismo,

o como por fuera, da lo mismo.

Curioso mirar una fotografía de ti y de mi

abrazados, yo serio y tú sonriente, frente a una estatua

que representa a dos curiosos leones luchando entre sí

y que nos esperaba en una calle que ya no recordamos

y sentir, de pronto, que la vida te juega bromas como ésta

y que detrás de la simple imagen hay un significado infinito

que nos rebaza pero que presentimos,

oscuramente y sin palabras. No hay palabras.

Curioso mirar un objeto o a una persona o escuchar una palabra

y sentir que ese objeto, insignificante y vulgar, se ramifica

como un árbol de significados,

que esa persona, desconocida y fugaz, es como un túnel, luminoso,

que se adentra en una zona desconocida de la realidad,

que esa palabra escuchada al pasar

sea el eje de los días.

Curioso mirar la escalera de espiral,

el basurero de la esquina

o la cortina del ventanal de la casa en donde vivo

y pensar que en mi cerebro hay puertas cerradas hace mucho tiempo

que se abren precisamente con esas llaves.

domingo, 5 de junio de 2011

Poema escrito bajo los efectos del Tafil

Yo estoy en mi casa, acalorada, un poco sofocante.

La ventana tiene una cortina semitransparente

así que no puedo saber que está la noche húmeda,

que están la calles mudas como los gatos que las recorren,

veloces y escurridizos como fantasmas;

que, más allá, está el canal, que es como un río apresado,

que siempre me ha parecido bello por triste y viceversa;

que hay casas y esquinas que nunca he visto ni veré,

que son la sombra y lo vedado;

más allá todavía, en las tierras altas, hay una casa que me espera

y un hijo pequeño, un hombre en blanco,

recién levantado de la muerte y de la nada,

que aún no me reconoce pero que me mira con pasmo, alerta.

Hay calles y calles y calles

y mendigos y putas y borrachos

y un aire fresco, de lluvia, que se cuela en los pasillos

de un hotel de paredes verdosas y despintadas

y de un bar de luces rojizas, como de un sueño.

Y hay muertos y vivos y rocas y arboles domesticados.

Pero yo salgo a mi balcón y sólo miro un oscuro laberinto,

tan acogedor como un mar embravecido.