lunes, 19 de julio de 2010

De aquí a seis años



Tardíamente, escribo sobre el triunfo del PRI a la gubernatura de Chihuahua. Debo reconocer, para comenzar, que me ha sorprendido bastante la ventaja que Cesar Duarte le ha sacado a su principal rival, Carlos Borruel: pensé, equivocadamente, que, dadas las circunstancias actuales de nuestro Estado, la mayoría de la gente saldría a votar. No pensé que el principal protagonista de estas recientes elecciones fuera la apatía, el desánimo, la actitud de “me vale madres quien gane porque todos son igualitos” y esas cosas. Pensé, o tenía la esperanza, de que la mayoría saldría a votar debido, precisamente, a la crisis de seguridad y económica que estamos viviendo, que estamos padeciendo. No fue así y terminó votando, promedio, un 35 por ciento del padrón, con la excepción de algunos y contados municipios (curiosamente, en los de la Sierra Tarahumara hubo buena votación, proporcionalmente, claro). Conecto las dos cosas (el triunfo del PRI y la bajísima votación) porque yo no quería que ganara Duarte y se sabe, por historia, que al PRI nunca se le ha ganado con bajas votaciones. En esos casos, su histórico “voto duro” lo impulsa y le da el triunfo. Una votación baja, pues, siempre es buena noticia para el PRI.
No creo que Cesar Duarte sea una mala persona y me parece que ganó el que hizo una mejor campaña o al menos el que hizo más campaña. Además de hacer la campaña necesaria, el PRI sacó partido de los errores del PAN. Por ejemplo: a nivel municipal, al menos en Cuauhtémoc y en Chihuahua, el PAN se equivoca garrafalmente, al menos a mi me parece, en la elección de sus candidatos a alcaldes: en Chihuahua, Toño Valdez, que ya desde el nombre pierde puntos, no? En Cuauhtémoc estaba Gustavo Prieto, un sujeto más o menos conocido por estos rumbos pero que realizó una campaña bastante curiosa: básicamente, su campaña fue no hacer campaña. Actualmente, resido en Cuauhtémoc y nunca escuché una sola entrevista de Prieto o algún spot televisivo o, ni siquiera, un mitin en la plaza o en cualquier otra parte. Simplemente, no hubo campaña, ergo, ganó el PRI, con una ventaja histórica a nivel municipal, por cierto.
Ganó el que hizo mejor campaña, no necesariamente el mejor. Es una lastima que el abstencionismo haya sido tan elevado porque, sencillamente, era bien importante quien ganara: si no sucede algo, si no hay un gobierno estatal verdaderamente comprometido con acabar con la delincuencia y con hacerse cada vez más eficiente y transparente, Chihuahua va a terminar muy mal. Es una lastima, pues, que haya ganado Cesar Duarte, porque, al menos a mi, nada me indica que Duarte vaya a hacer las cosas de modo distinto a como las ha hecho Reyes Baeza. Es la misma gente, por tanto es más de lo mismo: todo lo que pasa es culpa del gobierno federal y, por tanto, yo no puedo hacer nada y solo me entretengo pidiendo cada vez mayores recursos.
Yo creo que todos esperamos que Cesar Duarte trabaje bien y que tenga buenos resultados, todos queremos que le vaya bien porque, sencillamente, todos estamos en el mismo barco. Nadie, por más poder que tenga, está a salvo hoy en día. Pero, sinceramente, soy bastante pesimista en cuanto a los resultados que Duarte pueda entregar.
Espero estar bien equivocado y que la realidad me contradiga.

sábado, 29 de mayo de 2010

El mártir San Gregorio


Y luego que ni el Gobierno Federal les ayuda para que se crean, ellos mismos y ellos solamente, el cuento chino de que panistas y perredistas pueden convivir sanamente, sin intentar sacarse los ojos con el mismo bolígrafo con el que han firmado sus acuerdos. Justo en el momento en que Cesar Nava, presidente del PAN a nivel nacional, está apostando muchísimo poder y credibilidad política en esas laberínticas alianzas con el perredismo de Jesús Ortega, carajo, justo cuando al mismo Jesús “El Choloscuincle” Ortega, presidente nacional del PRD o al menos de una de sus innumerables facciones, ya no le sabe tan mal la boca cuando dice que cree firmemente en dichas alianzas y que no hay ninguna contradicción entre los insultos e improperios de hace apenas un año y estas nuevas amistades, viene la PGR, haciéndose la mala, y detienen a San Gregorio Sánchez, mejor conocido con un simpático y campechano “Greg” y candidato a la gubernatura de Quintana Roo por el PRD.

Pero pues yo no entiendo a nadie. Greg es un político relativamente joven y bien posicionado en cuestión de popularidad en Quintana Roo y además, y esto siempre cuenta aunque muchos no lo crean, tiene una esposa guapa y cubana, de nombre exótico: Niurka Sáliva. Antes de ser candidato a gobernador, se desempeñaba como presidente municipal de Benito Juárez, municipio en donde se sitúa, nada menos, Cancún y su minita de oro, constante y sonante, del turismo. Yo recuerdo que lo escuché, hará unos siete u ocho meses, en una entrevista que le hizo Fernanda Familiar en su programa “Que tal, Fernanda” de Radio Imagen, donde el dichoso Greg se desató de lo lindo y no paraba de elogiar a Cancún y a sus maravillosas playas y todo eso, haciendo reír bastante a la Familiar y con un tono de voz jovial y enérgico, que no se parece en nada, hay que decirlo, a su cara. Me cayó bien, pues. Y ahora resulta que el mismo sujeto está implicado en bastantes actividades delictivas, principalmente como colaborador de los cárteles de los Beltrán Leyva y de los Zetas e, incluso, que podría estar involucrado en el asesinato, ocurrido el 3 de febrero del 2009, del General Mauro Enrique Tello Quiñones, considerado, hasta el día de hoy, el militar de mayor rango asesinado durante este sexenio o, al menos, durante la llamada guerra en contra del narcotráfico (el General fue salvajemente torturado y después le pegaron un tiro de gracia). Esto ocurrió cuando Greg ejercía como presidente municipal y, según entiendo, la totalidad de sus más cercanos colaboradores en el tema de la seguridad fueron detenidos, aún lo están, por implicaciones con dicha ejecución. Greg ha sido llamado a declarar ya en varias ocasiones y, como había sobrados motivos para que el PRD lo lanzara como candidato a gobernador (popularidad, carisma, etcétera), la PGR le avisó al partido del sol azteca, desde enero, que se estaba integrando una averiguación previa en contra de Greg. Aún así, el PRD se puso necio y lo lanzó y dicha averiguación previa ya está integrada y hace unos días, ha resultado que Greg ha sido detenido.

Según entiendo, hay bastantes posibilidades de que Greg, en efecto, no sea una blanca palomita. Desde el inicio de su carrera política ha estado en medio de sospechas por enriquecimiento ilícito, por la cuestión de que en diez años pasó de no tener mucho a ser un “próspero empresario”, según palabras de Miguel Angel Granados Chapa en esta entrevista, en el programa de Carmen Aristegui. Además, al menos según la PGR, existen algunos “testigos protegidos” que hablan de la colaboración de Greg con los cárteles más arriba mencionados.

A pesar de ello, México es un país con un pasado que nos ha hecho bastante perspicaces en lo que se refiere a la utilización de la justicia en tiempos electorales y, de hecho, en todo tiempo. Así, el PRD ya declara que hay tintes políticos en esta detención, aún cuando, desde enero, tuvieron conocimiento de que la Procuraduría tenía en la mira a Greg, por razones que, siendo sinceros, no podemos considerar despreciables.

Caray, estas cosas sí que pueden romper amistades, aún cuando lo que esté en juego sean varios estados de la República.

domingo, 23 de mayo de 2010

Un secuestro



Es cosa de lógica, no? O, al menos, de mi lógica: si yo fuera secuestrador y quisiera que me dieran mucho dinero y, preferentemente, que no me descubran y me encarcelen o (estamos en México) me hagan pagar una fianza, ni en mi más loco sueño secuestraría a Diego Fernández de Cevallos. A menos de que, de plano, no hubiera leído en mi vida las noticias ni hubiera visto nunca el rostro de Cevallos en la televisión y no supiera que es uno de los políticos más importantes y respetados dentro del partido que gobierno a nivel federal y que esto significa que, de secuestrarlo, el gobierno federal se tomará mucho tiempo y energía para atraparme y castigarme. Sin derecho a fianza, seguro.
Tonces, pregunta mi mexicano espíritu, ¿Quién secuestró a Cevallos?
Ok, ahí esta la pregunta. Ahora bien, como no podemos saberlo y entonces caería yo en simples conjeturas, paso a la siguiente reflexión: tronó hace una semana la noticia de la desaparición de Diego y después los medios de comunicación se pusieron bien pero bien alertas para ver que nuevos datos saltaban, pero los chicos de los medios estaban frustrados después de horas en las que, de plano, no había un solo dato nuevo. Saciaron su (y la nuestra) sed informativa, entonces, yendo a preguntarle a cuanto actor político medianamente mediático se encontraban, y así, está la declaración de Carlitos Navarrete, del senador Gustavo “La momia” Madero, de Marcelo “El pirruris” Ebrard, evidentemente del secretario de la Segob y amigo muy cercano de Diego, Fernando “Calígula” Gomez Mont y, ya en ultima, estoy segurísimo que hasta el Cocoliso Duarte salió en la pantalla de algún despistado televisor, declarando cuan compungido estaba por la desaparición de Diego Fernández. Ajá, claro.
Esto no es culpa de los inquietos chicos de la prensa. Ellos solo hacen su trabajo y bueno, con algo había que llenar los periódicos y las notas en la tele y la radio, etc. Un trabajo de titanes, sin duda. Pero da la impresión de que, por decirlo en forma grosera, estamos fregados: si a Diego Fernández de Cevallos, que, indudablemente, tiene amigos poderosos, lo secuestran y las autoridades no tienen la más mínima pista de donde puede estar, entonces si me secuestran a mi o a cualquier tipo de a pie no existe la más remota forma de que me rescaten y castiguen a los delincuentes, a menos de que el azar entre al quite. Esto que digo contradice, por cierto, lo que dije en el primer párrafo de esta entrada. Tristemente.
En lo que a mí respecta, lamento este secuestro porque creo que Cevallos es un político que ha hecho más bien que mal y que posee un nivel ético y profesional, forjado en los largos años como opositor, desde el PAN. Por lo que he podido escuchar y leer, no es la opinión más generalizada.

sábado, 17 de abril de 2010

Trilogía Millenium Namber Güan


En Suecia, una muchacha de solo dieciséis años desaparece, hace ya muchos años. Desaparece quiere decir que simplemente se esfuma: es como si se hubiese desintegrado del todo, como si un infantil dios decidiera, caprichosamente, eliminar a un ser humano de la faz de la tierra, borrarlo del registro del universo. No hay nadie que pueda explicar que ha pasado y esto se extiende por más de treinta años hasta que el patriarca de la poderosa familia a la cual pertenecía el fantasma, los Vanger, decide intentarlo una vez más y contrata a un desahuciado periodista para que, en el plazo de un año, descubra la verdad sobre la desaparición de la joven Harriet Vanger, devorada por la tierra.
A grandes rasgos, esa es la trama principal de la novela “Los hombres que no amaban a las mujeres”, del sueco Stieg Larsson. Viene a ser la primera parte de una trilogía, llamado Millennium, por la razón de que así se llama la revista para la cual trabaja el mencionado periodista-detective, de nombre poco pronunciable: Mikael Blomkvist.
Habiendo leído solo la primera parte, puedo decir que Larsson demuestra que la literatura es, más que nada, argumento y no necesariamente la trama. Según algún teórico de la literatura de nombre nórdico, la trama es la historia desde un punto de vista cronológico, es decir, simplemente lo que pasó, respetando el lugar que tuvieron, en el tiempo, los acontecimientos. El argumento, en cambio, es la forma en que el autor nos presenta los acontecimientos, ocultando ciertos detalles para mostrarlos después, cuando llegue el momento. Es el caso de esta novela: la clave está, quizá como todas las novelas de corte policiaco, en lo que no se nos dice, al menos, hasta que llega el momento adecuado de saberlo. Es un libro de enigmas que, felizmente, terminan aclarándose.
Esto en lo que concierne a la primera parte. Ya veremos en la segunda. Y la tercera. Esta muy recomendable y, además, lo pueden bajar de internet en esta dirección sin cargos de conciencia, ya que el autor ha muerto antes de ver el enorme éxito de su obra y los derechos están a nombre de unos familiares más bien un tanto cabrones que nunca se llevaron bien con el autor, al menos, hasta que les dio a ganar miles de dólares. Por cierto, se han hecho, si entiendo bien, un par de películas y está a punto de filmarse otra, esta vez en Hollywood, que, ya de entrada, se ven un tanto traicioneras y encaminadas, solamente, a otorgarles unos cuantos millones de dólares más a la abusona familia Larsson.

viernes, 2 de abril de 2010

La grandeza de la bajeza (sin albur)


El tema del post anterior no quedó, quizá, suficientemente expuesto, ya que se refería, más que nada, a la memoria. El tema era, o iba a ser, la tristeza como condición humana. El ser humano ha sido, es y seguirá siendo un ser que sufre; siente, como no, placer, felicidad, plenitud en algunos y atesorados momentos, pero estos instantes pueden compararse, fácilmente, con un oasis en medio del desierto. El placer está cercado por el dolor, y no al revés.
Lo vemos en muchas cosas, pero sin duda esta condición humana es estudiada, a fondo, en la literatura, la cual no podría existir sin el sufrimiento y la maldad humana, sin las miserias de nuestra especie. A mi me gustan mucho las novelas del peruano Mario Vargas Llosa y las leo y releo con un placer inacabable, pero hasta hace poco me he dado cuenta de algo bastante visible y que se me había escapado: prácticamente todos los personajes de las novelas de Mario son seres demacrados, terriblemente frustrados, llenos de rencores hacia el mundo, hacia sus semejantes y hacia sí mismos. Ciertamente, quien busque en las historias de Vargas Llosa un cómodo escape del mundo real, con sus terribles deficiencias e injusticias, no quedará muy satisfecho con esas páginas que nos hablan del miedo y la impotencia que, muchas veces, sentimos los humanos ante aquello que hemos creado.
Esto se repite desde el principio: sin el dolor humano no habrían existido, tal como las conocemos, historias maravillosas como La Odisea, el Quijote o cualquiera de los libros que ustedes consideren como clásicos. La literatura, la buena, es una especie de estudio, milenario y vastísimo, sobre el sufrimiento y sus ocasionales treguas.
Aún así, cuando releo la gris y compleja historia de Zavalita, al que podríamos considerar como el personaje principal de Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa, cuando leo sobre su profunda incapacidad para perdonar a su padre, sobre la frustración que siente al recordar aquello que pudo y no supo lograr, sobre su amargura ante lo que no puede saber, puedo ver que uno de los grandes logros de eso que llamamos (no sin cierta imprecisión) literatura, es hacer que observemos la grandeza del ser humano, su complejidad, a través de lo más bajo que hay en él.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Post nostálgico

La memoria es, siempre, triste. Aunque recordemos cosas alegres, o que en su momento (cuando fueron presente) nos causaron alegría, esos recuerdos son vestigios, siempre: son el triste castillo abandonado de los días pasados.
No tengo el poema a la mano y no recuerdo el nombre, pero Jaime Sabines lo dice en algún lado: pareciera que nacemos y vivimos y actuamos (con todo lo que esto implica) tan solo para la memoria, tan solo para la nostalgia. Cuando recuerdo un buen día, una buena conversación, un buen momento: una noche de cervezas y platicas en igual abundancia; una mujer determinada a mi lado, desnuda, sobre mi cama y bajo mis manos; la impresión de un poema o el momento en el que conocí a alguien que quiero mucho (sucesos muy parecidos, estos dos), cuando recuerdo estas cosas, que sin duda fueron felices, la memoria siempre se tiñe de la certeza, la amarga certeza, de que nunca podré volver a ese lugar, a ese momento. Esa es la condición humana: perderlo todo, de modo inevitable. A pesar de la memoria.

sábado, 27 de marzo de 2010

Los buenos hijos



El cantautor Silvio Rodríguez ha presentado su nuevo disco, que se llama “Segunda Cita”. Al parecer, en dicho disco se incluyen algunas letras que, con muchísima imaginación, se podrían descifrar como mensajes contrarrevolucionarios. Todo iba bien, hasta que Silvio dejó de cantar (cosa que hace como los ángeles, nadie lo duda) y comenzó a hablar (cosa que, por decirlo suavecito, no se le da):
PALABRAS INMORTALES DE… SILVIO RODRIGUEZ, EL HIJO DESOBEDIENTE.
Dijo el hijo que habría que “reinventar la revolución” (seguro que después de dichas palabras, algunas cubanos, tanto de la Habana como de Miami, decidieron pegarse un tiro), pero después lo pensó y agregó que “siempre es una cosa que ha estado vigente, aunque a veces hemos caído en la retórica, a veces nos hemos adormecido”. Habría sido más exacto decir que “se han caído” de aburrimiento ante la interminable retórica de Fidel “el-comes-y-te-vas” Castro y de su esbirro, el siempre menos notorio y más gris Raúl, o que “se han adormecido” y han terminado de dormirse frente al televisor que sólo les muestra la versión, siempre, del Gobierno.
Después, me entero de que una de las canciones de su nuevo disco dice que se debe hacer libre lo que antes fue deber y que hay que acometer el reto de superar “la erre de revolución”, para que “se imponga la evolución”. La evolución, Señor Rodríguez, ya se ha impuesto desde los remotos tiempos de Mr. Darwin. Mi frase anterior fue en broma, pero pareciera que las palabras de Silvio también lo fueran. El ciudadano Silvio Rodríguez ha descubierto, vaya usted a saber la razón y después de más de cincuenta años con Fidel hasta en la sopa de Fideos, de que sería bueno realizar “una revisión de montones de cosas, de montones de conceptos, hasta instituciones”. Y termina el deslumbrado Silvio deslumbrando a su deslumbrado público, que estaba bien deslumbrado con la novedad: “muchas cosas que hay que revisar en Cuba”.
A Silvio Rodríguez lo admiro y lo respeto y lo escucho constantemente, y me parece uno de los mejores compositores, de los más auténticamente poéticos, de Latinoamérica, pero siempre me ha sorprendido su doble discurso, la contradicción entre las letras de sus canciones, que hablan de libertad, independencia y rebeldía, y el hecho de que diga lo que dice en, por ejemplo, esta entrevista. Personalmente, me quedo con la frase de la parte final de la entrevista, cuando dice que “siempre ha sentido a Fidel como un padre” y que, bueno, al padre nunca se le desobedece, siempre se debe de ser “un hijo obediente”.

sábado, 13 de marzo de 2010

El cuerno de chivo de la abundancia


Algunas personas, que tienen mucha imaginación, dicen que nuestro país tiene la forma del cuerno de la abundancia. Esto se refiere, lógicamente, a la enorme, y mal aprovechada, cantidad de recursos naturales, tales como las imponentes selvas de Chiapas u Oaxaca, la intrincada y quita-alientos sierra de Chihuahua y Durango, las nudistas playas que abundan por todo el litoral. Cierto. Pero últimamente me da la impresión de que tiene la forma de un encantador cargador de AK-47, mejor conocidas como cuernos de chivo. Las selvas, la sierra y los “paradisíacos litorales” siguen contándonos, en los diarios y demás, sádicas historias de sangre, a pesar de su indudable belleza.
Esto que acabo de decir da, ciertamente, muy mala imagen a nuestro país. No en este blog, que no se lee demasiado en el extranjero (¿?) aunque en nuestro país sea lectura escolar obligatoria (¿?), pero cuando estas mismas y desagradables metáforas se repiten una y otra vez en nuestros exaltados medios de comunicación, tarde o temprano los chicos de la CNN, BBC y todas esas siglas históricas comienzan a entender que, en efecto, México se ha vuelto un país “fuertemente armado”, armado hasta los dientes, cargado de explosivos.
A pesar de ello, y a riesgo de parecer un tontuelo, no creo que estemos aún en un Estado Fallido y fui uno de los que pegó el grito en el cielo (es decir, el techo de mi casa) cuando un olvidado personaje de la política norteamericana (Hillary? Bush?) dijo que estábamos igualitos que los pakistaníes y los afganos. No podemos negar que nuestras ciudades, principalmente acá en el norte, se han convertido en nidos, en cuevas, en dulce hogar, para esos molestísimos y odiosos sujetos siempre vestidos con sombrero y botas y cinto pitea’o que andan en trocas que más bien parecen sacadas de Transformers y que, aunque no saben decir una sola frase de modo correcto, se las creen que son los jefes, los machines, los únicos chicharrones que truenan. Se creen los malditos dueños de nuestras vidas y, en última instancia, de nuestras muertes. Pero.. digo, ¿tanto así como en Pakistán? Creo que la diferencia reside en el hecho de que “el tejido social” (frase que los politólogos usan todo el tiempo y que me gusta como suena) se ha degradado más que en México. Quiero decir que se trata de naciones bastante más violentas en términos generales que la nuestra, en donde los extremistas musulmanes tratan de eliminar a todo un pueblo por ideas religiosas, mientras que aquí las razones son más “prácticas”, si me permiten la expresión. ¿Ustedes que piensan? Se aceptan tomatazos, virtuales, de preferencia.

domingo, 7 de marzo de 2010

El mundo de La casa verde


Una de las mayores características de Mario Vargas Llosa es crear universos narrativos. Es decir, hacer de sus novelas un especie de microcosmos, de tal modo que, al terminar de leerlas, uno se queda con la sensación de salir de un mundo, de una mirada totalizadora de la realidad, o al menos, de la realidad que Mario quiso retratar. Se dice que la literatura es una fotografía de la realidad: La casa verde, y muchas otras novelas del autor peruano, son fotos panorámicas, de esas de 360 grados, pues.
Acabo de terminarla. Siento, aún, en la ropa, en la piel, la humedad del Amazonas, la naturaleza vegetal, caóticamente vital, de ese territorio cambiante y sorprendente. El título de la novela, por cierto, le queda perfecto al libro: la casa verde no es solamente el prostíbulo del desierto de Piura que lleva dicho nombre, sino todo el Perú: la selva espesa, salvaje; las numerosas etnias indígenas; el dolor y la pasión de los habitantes de esos recónditos territorios.
La novela tiene dos escenarios: uno es Piura, ciudad situada (con Google Earth lo visualizarán a la perfección) al norte del Perú, a pocos kilómetros de la costa. Se trata de una ciudad desértica, en donde reina el color amarillo y las polvaredas. El otro escenario es Santa María de Nieva, pequeño pueblo (aún hoy lo es) enclavado en la Amazonía, bastante lejos de Piura y en donde, evidentemente, el verde es el color que se ve por todos lados.
La historia es difícil referirla, ya que se trata de una novela con muchísimos personajes y con muchas variantes en los destinos personales de cada uno de ellos, pero, básicamente, es una novela sobre el Perú, sobre su gente, sobre los defectos y virtudes que Vargas Llosa ve en su nación. Uno de los temas principales es el del estado de vida de las comunidades indígenas de la Amazonía peruana: muchos de los personajes de la novela son huambisas, urakusas o shapras y sufren de racismo (incluso entre ellos mismos, entre etnias), golpizas, despojos, fraudes, violaciones y formas de vida infrahumana. Un breve repaso a los personajes y a sus historias: Bonifacia, indígena urakusa arrancada de su comunidad para convertirse en pupila en un convento, en donde las monjas le enseñan “cristiano” (castellano), de ahí la expulsan y termina como prostituta en Piura; Fushía, contrabandista y bandido de origen brasileño, de personalidad autoritaria, agresivo y, como él mismo lo reconoce, traicionero; el sargento Lituma y los Inconquistables, grupo de amigos de borrachera y de aventuras; don Anselmo, fundador del prostíbulo La casa verde, de origen desconocido, que recorrerá un destino torcido y de valentía y cobardía, un destino aciago y misterioso; a estos personajes habría que sumar a las madres del convento de Santa María de Nieva y su cruzada en contra del estilo de vida indígena, a los militares que a lo largo de la historia se nos presentan, representando a las clases más bajas; al silencioso y hábil Adrian Nieves, que se conoce la selva como la palma de su mano; al atento y comprensivo Aquilino, amigo de Fushía, honrado y servicial, sabio de la vida; y un largo etcétera.
La historia de La casa verde es la suma de las innumerables historias de cada uno de estos personajes, todos ellos marcados por el azar adverso, por las dificultades de la vida y, muchos, por la frustración, por haber dejado enterrados en el desierto piurano u ahogados en la profunda selva sus sueños, su vida. Personajes muy humanos, muy crudos y reales, el acercamiento emocional con ellos es muy fuerte gracias a la refinada, brillante técnica narrativa de Mario, que convierte el texto, cada página, en un cúmulo de recuerdos, de impresiones, de comunicaciones entre las distintas etapas de la novela, utilizando la polifonía, por ejemplo, en donde distintos personajes en distintas épocas y espacios conversan entre sí, jugando con el tiempo y con el espacio, enredando las conversaciones. Mario es uno de los escritores latinoamericanos, quizá del mundo, que mejor maneja el recurso de los diálogos, no contentándose con utilizarlos como un modo de comunicación entre dos personajes del mismo tiempo y espacio, sino haciendo de los diálogos algo plástico, o mejor dicho, un elemento de barro, de arcilla, que puede moldearse de tal modo que se mezclen, se entrecrucen, dos o hasta tres diálogos al mismo tiempo, en el mismo texto, que suceden, cada uno, en un lugar y un tiempo distintos.
Por mi parte, he logrado salir, en una pieza, de la selva de La casa verde. Me ha costado mucho: días enteros de cruzar ríos, ora calmos, ora turbios; ciudades desconocidas, repletas de gente compleja, laberíntica; encuentros con un lenguaje regionalista que las personas comienzan a cambiar, a variar, a poco de salir de tal o cual pueblo, pero a pesar de todo he salido de La casa verde. Sé que volveré a ella muy seguido, y espero que ustedes se aventuren y acompañen a Fushía y Aquilino en sus peligrosas andanzas, a don Anselmo, la Chunga y los Inconquistables en la sensualidad y la algarabía de La casa verde, a Bonifacia, la que después será la Selvática, en sus pantanos morales. Buen viaje.

jueves, 4 de marzo de 2010

Cocoliso vs Camello


Ya están los ejércitos (flacos, por cierto) preparados. Cocoliso Duarte y el Camello Borruel han ganado en sus respectivos partidos. Sinceramente, hasta el momento ninguno de los dos me levanta la más mínima simpatía, el priísta por salir en sus malísimos spots diciendo que es hijo de Chancho o Chencho o Chicho Duarte (no recuerdo con claridad), nombre que se aplica no a una persona de bien, sino más bien como a un padrote de pueblo o a un correteado coyote fronterizo. El panista también me levanta las sospechas por el lenguaje que utiliza para su campaña, que puede resumirse, básicamente, en unas cuantas frases como las que siguen: yo también estuve bien pero bien pobre como ustedes, de niño porque ahora ya no; mi apá se murió y tuve que chambear bien chavo; soy un cuate sencillo y que la ha sufrido, etc etc etc. Siguiendo la lógica del Cara de Dromedario Borruel, podríamos elegir como Gobernador al 75 u 80 por ciento de la población de esta nuestra Magna Entidad Federativa. Sin embargo, es muy probable que vote por el Dromedario, ya que al Cocoliso de plano no lo aguanto pero ni tantito y creo que el actual gober le ha flojeado, o se ha aflojado (como ustedes quieran), demasiado con el tema de la violencia. Hay una cosa que me hincha de recelo: ver o escuchar a el Mulato Baeza decir, en cada entrevista que “concede”, que todo este despapaye se debe a la malvada federación, que ni él ni su grisácea procuradora de “justicia” tienen nada que ver. Como de que no, chingao ¡¡¡
No veo mayores razones para seguir escribiendo. Sabrosos saludos para todos.