lunes, 30 de marzo de 2009

Justificada publicidad


¿Para qué sirve escribir un blog? ¿Porque han nacido tantos alrededor del mundo, en el idioma que se nos ocurra? De pronto, el internet nos ha descubierto el hecho de que todo el mundo tiene algo que decir, de que una gran cantidad de personas quisiera que su propia visión del mundo generara polémica y encaminara hacia la reflexión. Todo el mundo quiere que su voz sea escuchada y criticada, quizá porque tenemos, como individuos, la confusa, la acertada, sensación de que nuestra vida, nuestra experiencia y nuestro pensamiento deben y pueden aportar algo valioso y único al crecimiento de nuestra civilización, al mejoramiento de la sociedad en la cual nacemos, crecemos, amamos, creamos y morimos, fatalmente.
Para mí, un blog debe utilizarse como un instrumento de análisis y crítica hacia lo que cada quien considere defectuoso o equivocado en el andar, o el no andar, de este mundo errante, contradictorio, que todos habitamos. Por esa razón, el descubrimiento, hará cerca de un año, del blog Generación Y, escrito por Yoani Sánchez (en la foto), fue una influencia muy importante en mi forma de entender el papel del internet en la construcción de un mundo mejor y un aliciente personal para comenzar este blog. A través de su blog y en medio de enormes dificultades y trabas contra su derecho a expresarse y criticar, esta bloggera cubana narra su vida cotidiana y los anacronismos e injusticias en los cuales el gobierno de los Castro a sumergido, desde hace ya cincuenta años, al pueblo de la isla.
Si este post tiene un aspecto suciamente publicitario, entonces he logrado mi propósito. Y es que son los blogs al estilo de Generación Y los que, personalmente, considero de especial valor y los que busco y a los que leo constantemente: aquellos blogs cuyos autores están conscientes de que se les ha otorgado una plaza pública donde gritar su inconformismo. Nada más pero, sobre todo, nada menos.

sábado, 28 de marzo de 2009

Ateo entre creyentes


He asistido, sin mucho entusiasmo e irregularmente, a un grupo de jóvenes católicos, invitado por mi novia. Tienen un horario ya bien establecido: a las ocho se reúnen en un salón contiguo al Templo y comienzan a rezar, acompañándose con música de guitarra y un par de citas bíblicas, creo que una al principio y la otra al acabar el rezo. Después, viene la parte que a mí se me dificulta: la teoría, que consiste en pasar a otro salón más pequeño en donde un individuo (en mi caso individua) intentarán mostrarte, más o menos resumidos, los fundamentos y leyes en los cuales la Iglesia Católica se basa.
A diferencia de la parte teórica, la parte que podríamos llamar “práctica”, es decir los rezos, no me molesta en lo absoluto e incluso reconozco que, efectivamente, se siente, se percibe un ambiente de indudable fraternidad y de una curiosa e inquietante tranquilidad. Puedo decir que comprendo, al menos a mi así me parece, el porqué muchas personas se refugian en los rezos, en el calor de la cercanía del grupo, en el silencioso murmullo de la gente orando, el cual solo puedo comparar con el sonido de un río. De pronto, estando entre los creyentes, he pensado en una burbuja o en un bunker o en un pueblo amurallado o en cualquier otra cosa que implique aislamiento y defensa en contra del mundo externo. La palabra utopía no queda mal, en este caso.
Las espinas llegan cuando llega la teoría. La teoría de Dios y la religión según los católicos. Es ahí en donde mi conciencia se vuelve contra lo que estoy escuchando, por razones tan variadas como la convicción de que los libros bíblicos fueron escritos por inspiración divina (aún cuando se contradigan unos a otros y cuando muchos textos, varios evangelios, fueron excluidos por el Vaticano por razones que solo Dios conoce); la idea de que Jesús fue Dios encarnado; las prohibiciones y leyes anacrónicas con respecto a la sexualidad o el olvido generalizado de la historia de la Iglesia, una historia, ciertamente, no muy caritativa o misericordiosa.
No sé con exactitud desde cuando me considero ateo. Creo que deben de ser unos siete u ocho años, aprox, durante los cuales he pasado de ser un ateo combativo, dispuesto a esgrimir la mayor cantidad de argumentos contra toda fe y ante cualquier provocación, a ser un ateo cada vez más convencido de que nadie está seguro de nada y cada vez más resignado ante el hecho de que siempre estaremos en medio de especulaciones y caminando a ciegas. Ningún creyente puede demostrar, en los hechos, que Dios existe y ningún ateo puede presentar pruebas, como si fuera un juicio, de lo contrario. Con cada discusión que mantengo, con cada libro o texto que leo referente al tema, con cada persona atea o creyente que conozco, con cada reflexión en la cual me adentro, siempre se refuerza la sensación de que el creer y el no creer son actitudes muy parecidas, más cercanas de lo que se podría pensar. Las separa, simplemente, un desacuerdo de enfoques.
Contra todos los pronósticos, asistiré con más frecuencia al grupo de jóvenes. La razón es simple: la curiosidad está buscando, sigilosa como un hambriento depredador, al gato.

Aniversario de Sabines

Jaime Sabines nació un 25 de marzo, así que no quise dejar pasar la fecha. Es el poeta que más he leído y releído, cada vez con más gusto y apego por esa poesía realista, de pie sobre la tierra pero con dos alas, muy grandes, siempre a punto de desplegarse para alzar el vuelo.
El poema se llama “Te quiero a las diez de la mañana”.

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martes, 24 de marzo de 2009

La generación muda


Cuando comparamos la juventud de nuestros tiempos con la juventud pasada, resulta que vemos una diferencia muy importante: la intensidad de la participación política de las juventudes de la década de los sesenta y los setenta con respecto a la nuestra. El año de 1968 es un caso ejemplar para lo que digo: miles de jóvenes, universitarios o no, a lo largo y ancho del mundo, se sacudieron el polvo del conformismo y decidieron actuar. En ese año, el socialismo (todavía iluminado por la triunfante Revolución cubana, que había ocurrido nueve años antes) estaba en su punto más álgido y las universidades y los sindicatos de Latinoamérica comentaban, admiraban y querían imitar la hazaña de Fidel Castro, Ernesto Guevara, Camilo Cienfuegos y los demás barbudos, tomar las armas, tumbar al gobierno “aliado del imperialismo” y comenzar así el mandato del proletariado. Estemos o no de acuerdo con estas ideas, lo cierto es que, inspirados por ellas, la juventud fue la principal fuerza social que provocó que en México, Francia, los Estados Unidos, Japón, China, Inglaterra y muchos países de Europa del Este, como Checoslovaquia, Hungría y la misma Unión Soviética, ocurrieran, de manera casi simultánea, revueltas sociales, revoluciones o bien, ya en los extremos, movimientos armadas o guerrillas.
Las diferencias entre los diferentes movimientos del 68, alrededor del mundo, son fundamentales, pero no esenciales. En los Estados Unidos, por ejemplo, grupos de universitarios (principalmente de la Universidad de Berkeley) protestaron en contra de la muy impopular intervención del ejército norteamericano en Vietnam, que ya había causado una enorme cantidad de muertos, tanto de militares americanos como de soldados y civiles vietnamitas. En nuestro país, se trato de un conflicto más complejo en el que los jóvenes pedían, exigían, el cese a la represión de parte del gobierno priista. En cambio, en países dominados por la Unión Soviética, la inconformidad era a causa de la completa falta de libertades civiles que el gobierno comunista de Moscú mantenía sobre los ciudadanos, dentro y fuera de lo que hoy es Rusia. Ante todo esto reaccionaron, bien por ellos, los jóvenes de aquellos años, pero no fue su único campo de acción. Una importante generación de cineastas, escritores y artistas en general surgió en Occidente, renovando lo que ya estaba firmemente establecido, rompiendo reglas, creando nuevas formas de entender el mundo.
Hoy, esto ha cambiado. Hace poco, el Presidente de México, Felipe Calderón, dijo (más o menos, porque no recuerdo las palabras exactas) en un Foro Mundial, que la juventud de hoy “ya no cree en nada”: no cree en el capitalismo salvaje, pero tampoco cree en el socialismo, que murió, en muchos casos, antes de que nosotros naciéramos. Lo que Calderón dijo es, a mi parecer, cierto. Dejando atrás la política, los valores religiosos se han desvirtuado y son minoría los jóvenes que realmente cumplen con las reglas que el cristianismo propone. Piensen ahora en el arte: los jóvenes se han alejado de la creación estética y aquél boom de la literatura latinoamericana, encabezada por el mexicano Carlos Fuentes, el peruano Mario Vargas Llosa y el colombiano Gabriel García Márquez, resulto ser, por decirlo de algún modo, “flor de un solo día”. La tradición de calidad y cosmopolitismo, que los tres autores mencionados inauguraron, no se continuó: no la estamos continuando, no la estamos enriqueciendo, ampliando y, ni de lejos, mejorando.
Creo que nuestra generación (hablo, para mejor definición, de aquellos que nacimos en los ochenta o principios de los noventa) corre un gran riesgo: el riesgo de perder la oportunidad de ser considerada una generación renovadora, una generación creativa. No estamos creando nada. No estamos participando, al menos no en gran medida, en los principales debates de nuestro tiempo. No nos estamos haciendo oír en los debates políticos, que hoy en día son de mucha importancia. Las siguientes son preguntas para las cuales nuestra generación no tiene, ni está intentado tener, respuestas: ¿Qué vamos a hacer para levantar la economía y sanar los mercados ante la presente crisis financiera? ¿Cómo vamos a responder ante el reto que nos presenta el calentamiento global? ¿Cómo vamos a competir con Japón o Taiwán o muchos otros países en cuestiones tecnológicas y científicas? ¿Qué podemos aportar, que sea nuevo, que sea nuestro, para la literatura, la pintura, la música?
Las generaciones pasadas, mal o bien, hicieron frente a los problemas de sus años, por medio de la política, el pensamiento, la acción y la creatividad. Las generaciones pasadas, mal o bien, no se quedaron calladas. La nuestra, desgraciadamente, corre el riesgo de pasar a la historia como una generación muda. Entonces, hay que hablar.

La carcel


El poeta judío-polaco Alexander Wat, encarcelado por los soviéticos a causa de algunas diferencias de carácter ideológico, escribió en sus “Memorias” el momento en el que tuvo la certeza de poder soportar la prisión y los castigos a los que era sometido: una mañana, a principios de primavera, escuchó un fragmento de la Pasión según San Mateo, de Bach. Wat, recordando aquél episodio de su encierro, escribiría años después: “si la voz humana, si los instrumentos hechos por el hombre, si el alma humana puede crear, aunque sea una vez en toda la historia, tal armonía, tal belleza, tal verdad y poder en tal unidad de inspiración, si esto existe, entonces qué efímera, qué insustancial debe ser toda la fuerza del imperio soviético”.
Después del caos de la calle y de su ley de la selva, después de andar entre el ruido y el movimiento, después de intoxicarse un día más con los noticieros y con las notas del periódico, que vienen a decirnos, a diario, más o menos lo mismo: que la cosa va peor y que hoy, en lugar de diez muertos, “solamente” fueron cinco; luego de todo aquello, deberíamos relajarnos un momento, pedirle una tregua al mundo y recuperar la confianza en el ser humano y en las cosas que hemos creado. Ya sea que escuchemos a Bach o a los Héroes del Silencio, ya que leamos a Sófocles o a Jaime Sabines, todos, desde nuestra ventana, podremos adaptar lo escrito por el poeta encarcelado a nuestra realidad, a nuestra propia cárcel: si el alma humana puede crear tal armonía, tal belleza, tal verdad, entonces qué efímera, que insustancial debe de ser toda la fuerza de nuestros horrores, de la violencia y la corrupción, de la pobreza material y espiritual, de la desesperanza y la mediocridad.
Por si acaso, abajo está un video que, por lo menos, les quitará el aliento y, ojalá, la desesperanza.



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sábado, 21 de marzo de 2009

Los inicios


Hay algunos momentos históricos acerca de los cuales los libros de Historia nunca contarán. Algunas jornadas memorables, llenas de esplendor, que la Humanidad, esa cosa tan confusa, ha olvidado ya. Momentos pioneros que, aunque no sabemos nada de ellos, nos dieron forma, nos dieron vida:
Un hombre, alto y desnudo, está de pie en mitad de un desierto. Su rostro negro está pintado con borrosas líneas blancas y ha pasado muchas noches con un tornado por dentro. Lo siente, nítido, cuando va con otros hombres a cazar, adentrándose en la llanura; cuando ama a sus mujeres, adentrándose en otros terrenos; cuando mira, como en este momento, el indecible vacío del desierto.
De pronto, el hombre se inca sobre la tierra y toma del suelo una piedra, reseca y afilada. Con ella traza en la arena, lentamente, una figura que no podemos imaginar y se dice a sí mismo, en voz baja, algo que nadie había dicho antes, nunca: esta figura me protege de mis enemigos, esta figura me aleja del mal. No sabe que después vendrán hombres llamados Jesús, Mahoma, Buda; no sabe que después la muerte llegará, a causa de esa idea, como un río de sangre; no sabe que la vida llegará para algunos, para quién le esté deparada, a causa de esa figura en la arena que el viento comienza a borrar. Le basta con saber que la angustia a terminado y que podrá dormir bien esa noche, salir de cacería y amar a una mujer.
Muchos (o pocos) años después (o antes), un hombre (o una mujer), quizá todavía con rasgos simiescos en el rostro, encontrará un extraño y novedoso placer: pegarle a un tronco con una vara, continuamente, y haciendo variaciones. Muchos años después, un hombre que se llamará Mozart, que se llamará Bach, que se llamará de muchas maneras, le rendirán un bellísimo homenaje.
Esos no son momentos históricos, pero sí fundacionales y que todos podemos imaginar de distinta manera, porque todas son correctas ya que ninguna lo es.

jueves, 19 de marzo de 2009

La cifra


La cifra de mis años es ya 22. Se supone que tendría que estar feliz, pero, por alguna razón, la felicidad no llega, está varada en alguna parte, se atasco en el tráfico o que se yo, y no logrará llegar puntual a la cita que los dos teníamos y que ya he cancelado. Me esperan otros compromisos.
Este día, inevitablemente, volteo a ver mis pasos y solo queda humo. No hay nada fijo, no hay una estructura, no se ve ningún árbol, ninguna luz que profetice algún poblado cercano, ningún camino. Parece que no me he movido a ningún lado, que todo ha sido un gran engaño.
Miro a mi tiempo a los ojos y arranco la mascara de su rostro. No hay nada. Ni silencio.

sábado, 14 de marzo de 2009

La encrucijada


Que bonito abrigo, ¿no? Okey, pues ¡¡¡NO LO COMPREN!!! Si no los convencen mis palabras, sean valientes y vean, al menos, los primeros dos minutos del video de abajo. Después, seguramente, lo pensaran dos veces antes de gastar en eso su dinero.
Sinceramente, pensé en no subir el video y solo describirlo. Pensé en ilustrar el texto con unas cuantas fotografías. Pero no. Indudablemente, no tendría el mismo efecto. No es lo mismo que te lo cuenten, no es lo mismo ver unas cuantas imágenes, que mirar el video y no poder creer en lo que estás viendo. Eso genera otro efecto, y es el efecto lo que busco: una respuesta, una reacción (inevitablemente emocional) de parte del espectador. Una respuesta enojada, incrédula, ofendida.
Esto es real y ocurre en unas granjas en China, donde se sacrifican a mapaches y a otras especies para utilizar su piel, que se les arranca mientras están aun vivos, en la confección de abrigos. Desde China, desde este tipo de granjas, se exporta la mitad de la piel de mapache que se vende en los Estados Unidos y otros países occidentales.

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Creo, y no soy el único, que nuestra especie o se está acercando o está ya en una encrucijada, en un dilema: cambiar y sobrevivir o seguir iguales y, eventualmente, morir. Vienen tiempos muy difíciles, muy complejos, que pondrán en juego nuestra capacidad para relacionarnos más humanamente, más espiritualmente, con nuestros semejantes, pero también con aquellos que no lo son: las otras especies animales que habitan nuestro planeta. Al final de cuentas, todos, ellos y nosotros, formamos parte del mismo entramado vital, del mismo ecosistema. Mientras existan cosas como las que aparecen en este video, mientras cosas así sean permitidas, mientras seamos capaces de llegar a tales extremos de crueldad e insensibilidad ante un ser vivo y consiente, no podremos lograr ese salto mortal que el futuro inmediato nos presenta: el reto de cambiar, de mejorar, para seguir adelante.

Gracias por el fuego


Las palabras que siguen fueron pronunciadas en 1967, por el escritor peruano Mario Vargas Llosa, en Caracas, Venezuela. La razón: se le había otorgado, en honor a su tercer libro, La Casa Verde, el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. En el discurso, Vargas Llosa habla de una creciente tolerancia hacia la literatura de parte de las sociedades latinoamericanas, que habían sido altamente represoras con los autores libres. Sin embargo, advierte, nadie debe engañarse: “Las mismas sociedades que exilaron y rechazaron al escritor, pueden pensar ahora que conviene asimilarlo, integrarlo, conferirle una especie de estatuto oficial. Es preciso, por eso, recordar a nuestras sociedades lo que les espera. Advertirles que la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón del ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica. Explicarles que no hay término medio: que la sociedad suprime para siempre esa facultad humana que es la creación artística y elimina de una vez por todas a ese perturbador social que es el escritor o admite la literatura en su seno y en ese caso no tiene más remedio que aceptar un perpetuo torrente de agresiones, de ironías, de sátiras, que irán de lo adjetivo a lo esencial, de lo pasajero a lo permanente, del vértice a la base de la pirámide social. Las cosas son así y no hay escapatoria: el escritor ha sido, es y seguirá siendo un descontento. Nadie que esté satisfecho es capaz de escribir, nadie que esté de acuerdo, reconciliado con la realidad, cometería el ambicioso desatino de inventar realidades verbales. La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor. La literatura es una forma de insurrección permanente y ella no admite las camisas de fuerza. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasarán. La literatura puede morir pero no será nunca conformista.”
Cuando dijo esto, Mario tenía escasos 31 años cumplidos y comulgaba con la Revolución cubana y con su director de orquesta, Fidel Castro. Su concepción de la literatura estaba profundamente marcada por las ideas de Jean Paul Sartre, que hablaba del autor como ente y fuerza política, social. Algunos años después, Mario se alejaría, desengañado, tanto del mito de Castro como de muchas de las ideas del filósofo francés, pero nunca abandonaría la rebeldía magnífica que refleja su discurso de Caracas. No, esa concepción de la literatura como fuego, como un espíritu de rebeldía y contradicción, no se ha ido. No se irá.

jueves, 12 de marzo de 2009

La dura duda


Mi cerebro no reaccionaba con mucha rapidez ayer, pero ahora que leo que nuestra patria ha quedado indignada por la lista de Forbes, en donde estos joviales editores incluyen al Chapo entre los mas ricos, me ha sucitado una duda por dentro, jajaja. ¿Como saben cuanto dinero tiene el Chapo? Lo calculan, pero.. ¿como, exactamente? Probablemente por la cantidad de droga que se vende en Estados Unidos, pero, ¿como saben, con precisión, cuanta de esta droga proviene del cártel que domina el Chapo? Según yo, no hay un modo de saber a ciencia cierta cuanto dinero tiene el Chapo. Sabemos que es mucho, cierto, pero no sabemos cuanto. Una revista como Forbes (the best of the best) debería de decir como es que supo aclarar el misterio.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Que viva Herodes¡¡¡


México, este nuestro país tan necesitado de ganadores, ya puede estar un poco más contento. Tenemos, señoras y señores, un nuevo rico: un mexicano más entre los gigantes. Llenos de alborozo hemos recibido la noticia de que el conocidísimo comerciante sinaloense, don Joaquín Guzmán Loera, hombre sagaz para entender al mercado, se ha colado al extenso número 701 de entre los más ricos del mundo, según la lista de Forbes de este año. Digo que el 701 es extenso porque incluye a todos aquellos que tienen, aprox, 1000 millones de dólares en su haber, que son bastantes y entre los que se cuenta Emilio Azcarraga Jean de Televisa.

El Chapo está acompañado por otros nueve compatriotas: Slim en el número tres con 35 000 millones de dólares, el minero Alberto Ballares (Numero 83); Ricardo Salinas Pliego (124); Jerónimo Arango de Grupo Cifra, que controla, al menos en México, a Bodega Aurrerá, el Restaurante El Portón, Suburbia y Wal-Mart, ocupa el numero 178; Germán Larrea (246) de Grupo México, con empresas en el ramo ferrocarrilero; Roberto Hernández Ramírez (601) de Banamex; Emilio Azcarraga (que comparte con el Chapo el 701) y, por último, Alfredo Harp Helú, primo de Carlos Slim y que se ha desarrollado como banquero.

No sé, porque no he revisado toda la (extensa) lista, si el Chapo será el único criminal, reconocido como tal, que aparece, pero si así es.. bueno, eso catapultaría a la muy mexicana ley de Herodes a las grandes ligas. Al menos uno de los ramos de producción mexicana (con tremenda capacidad de exportación y una demanda que no conoce la palabra “crisis”, por cierto) se está desarrollando, para tristeza de muchos, entre ellos el que escribe.

lunes, 9 de marzo de 2009

Vital capacity

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No sé si esto es arte, pero al menos me dió risa.

domingo, 8 de marzo de 2009

Una amistad improbable

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La historia oculta tras las cámaras: justo cuando se corta el video, el león se abalanzó sobre los dos hombres y los devoró, ante la impotencia del camarógrafo y de un guardia. Okey, no es cierto, pero sí verosímil. Un video impresionante.

sábado, 7 de marzo de 2009

La verdad bajo sospecha


Algunas personas dentro del Senado de los Estados Unidos están proponiendo una Comisión de la Verdad, que analice los posibles (y muchos de ellos ya probados) abusos a los derechos humanos durante la gestión del ex presidente Bush y avalados por él. Los dichos abusos incluyen la “legalización” de la tortura en las cárceles de prisioneros de guerra iraquíes, el tema de Guantanamo y, además, las grabaciones que se hicieron de algunos ciudadanos estadounidenses mientras éstos llamaban al extranjero, lo cual constituye una violación a la privacidad.
Es preciso recordar la prueba más contundente, o al menos la más conocida, de los indudables abusos del ejército norteamericano en zona de guerra: la prisión de Abu Ghraib. Ese y muchos otros temas han despertado un odio todavía más intento contra los Estados Unidos alrededor del mundo.
A pesar de todo, yo creo que el liderazgo que los norteamericanos han tenido en el mundo durante los últimos cincuenta años ha sido más positivo que negativo, desde varios puntos de vista. Pero también se han cometido una gran cantidad de errores y por ello, el Centro para Derechos Constitucionales ha dicho que “el Gobierno de Obama debe de llevar a cabo una investigación completa y un juicio si fuera necesario para devolver el sentido al Estado de derecho en EE UU”. Es decir, si los norteamericanos quieren conservar ese liderazgo que han tenido, basado, en muchos casos, en la autoridad moral, se deben de investigar las indudables irregularidades que el gobierno de Bush cometió.

viernes, 6 de marzo de 2009

Los innovadores


Todo el mundo me dice que el capitalismo se va a acabar. Que ya no tiene caso insistir en que el libre mercado, con una tenue e inteligente participación del gobierno, es la mejor manera de hacer crecer a una economía y que la crisis financiera actual es la prueba contundente de que los norteamericanos han estado equivocados todo este tiempo, que su crecimiento ha sido ficticio, que solo era cuestión de tiempo para que la burbuja en la cual vivían los países más ricos de la tierra reventara. Bueno, la burbuja reventó (y con ella, nosotros también), y entonces, me dicen casi eufóricos, habrá que crear un “nuevo sistema económico”, llevar a cabo una “renovación del mercado”, una “refundación” en la manera en que los seres humanos comerciamos entre nosotros.
Todo este animo fundacional e innovador me da un poco de esperanza, pero la esperanza se va cuando comienzan a hablar de Cuba en términos bastante elogiosos, por decir lo menos. La esperanza ha muerto, completamente, y comienza ya a descomponerse sobre el suelo cuando comienzan a reivindicar al imperio soviético y a decir que, al final de cuentas, “no estaban tan equivocados”.
Si esos son los “nuevos” modelos económicos que se proponen, si esas son nuestras opciones y nuestro genio creativo se limita a mirar hacia atrás y hacia lo ya probadamente negativo, entonces estamos en un serio problema.

miércoles, 4 de marzo de 2009

La plaza tomada


"Tu, por ventura, ¿sabes lo que vale un día? ¿Entiendes de cuanto precio es una hora? ¿Has examinado el valor de tiempo? Cierto es que no, pues así alegre le dejas pasar hurtado de la hora, que, fugitiva y secreta, te lleva preciosísimo robo. ¿Quién te ha dicho que lo que ya fué volverá, cuando lo hayas menester, si lo llamares? Dime: ¿has visto algunas pisadas de los días? (...) Cuerdo es sólo el que vive cada día como quien cada día y cada hora puede morir"


Estas líneas han sido tomadas de “Los sueños” de Francisco de Quevedo, autor de Barroco español, quién le hacía honor al espíritu de su época, tan sombrío, pesimista y cansado como el de la actual. Sé que la obra de Quevedo está llena de una crítica mordaz y cruel en contra de la sociedad de sus años, pero en las palabras de arriba percibo una señal de esperanza, oculta, camuflada en el realismo del significado superficial. Lo que fue no volverá, nos dice Quevedo, pero, por su misma debilidad, el instante presente es inigualable y único. ¡¡Hay que vivirlo!!


martes, 3 de marzo de 2009

Clever Hans y el perro soñador



Erase una vez un caballo que pensaba. Se llamaba Hans, el listo. Los humanos se concentraban a su alrededor, llenos de curiosidad y un tanto bromistas por la idea de que un caballo sumara, restara o multiplicara, dando golpes en el suelo con las patas. Yo no lo sé de cierto, pero supongo que el hombre vestido de blanco, cerca de Hans, es el orgulloso dueño, Both van Osten, presumiendo a todo el que estuviera cerca las notables habilidades de su bestia, la cual era capaz de resolver, además de sencillos problemas aritméticos, preguntas como: si el octavo día del mes cae en jueves, ¿en qué numero cae el viernes?

Alemania, patria del equino prodigio, se llenó de entusiasmo a causa de que su tierra no produjera solamente hombres inteligentes, sino también fauna. Incluso The New York Times publicó un artículo contando las proezas de caballo matemático.
Después, resultó no ser tan listo.. pero tampoco tan tonto. Luego de algunos exámenes, en los cuales el listo de Hans fracasó, descubrieron que el caballo era sensible al lenguaje corporal del público. Así, cuando su dueño, o cualquier otra persona, le preguntaba el resultad de cinco más tres, el animal notaba que la gente tensaba sus cuerpos, llenos de expectación y entonces comenzaba a golpear en el suelo. Cuando golpeaba ocho veces, la gente se relajaba, sorprendida, y el caballo se detenía y recibía un premio.

Después, está el perro que sueña. ¿Qué estará soñando? ¿se imaginará detrás de una liebre, en campo abierto y libre o detrás de un gato nocturno, en las intrincadas calles de una ciudad? Lo cierto es que, al menos yo, me sentí un tanto identificado con el pobre soñador cuando despierta, pensando estar todavía en el otro mundo, y se topa con la dura realidad: con un muro.

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